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Tus hijos necesitan tu ejemplo más que tus discursos

18 ago
2 min de lectura


Los padres podemos dedicar mucho tiempo a decirles a nuestros hijos cómo deben comportarse, qué decisiones deben tomar y qué cosas agradan a Dios. Pero Deuteronomio comienza con algo importante: antes de enseñar la Palabra a los hijos, debía estar primero en el corazón de los padres. Nuestros hijos necesitan escuchar nuestras enseñanzas, pero también necesitan verlas. Las palabras pueden indicarles el camino, pero nuestro ejemplo les muestra cómo se camina por él.


Los hijos observan mucho más de lo que imaginamos. Ven cómo hablamos cuando estamos enojados, cómo tratamos a nuestro esposo o esposa, qué hacemos con el dinero, cómo reaccionamos ante los problemas y qué lugar ocupa Dios en nuestra rutina. Podemos enseñarles que deben orar, pero ellos también necesitan vernos orar; podemos decirles que deben perdonar, pero necesitan observar cómo nosotros perdonamos; podemos hablarles de honestidad, pero deben descubrir que somos íntegros incluso cuando decir la verdad nos cuesta. Aquello que repetimos con nuestras acciones puede terminar enseñando mucho más que aquello que repetimos con nuestras palabras.


Esto tampoco significa que nuestros hijos necesiten padres perfectos. Ningún padre lo es. También podemos enseñarles mediante la manera en que reconocemos nuestros errores. Cuando perdemos la paciencia, hablamos incorrectamente o actuamos mal, pedir perdón a nuestros hijos no disminuye nuestra autoridad; les muestra humildad y les enseña que nosotros también necesitamos la gracia de Dios. Un hijo que ve a sus padres reconocer una falta aprende que seguir a Cristo no significa aparentar perfección, sino tener un corazón dispuesto a arrepentirse y cambiar.


Nuestros hijos probablemente olvidarán muchas de las conversaciones que tuvimos con ellos, pero recordarán durante años la manera en que vivimos. Por eso, antes de preocuparnos solamente por corregir su comportamiento, debemos preguntarnos qué modelo están viendo en nosotros. No basta con decirles que busquen a Dios; necesitan crecer viendo que Él también es importante para nosotros. La herencia espiritual más poderosa que podemos dejarles no consiste únicamente en buenos consejos, sino en una vida coherente que les muestre que seguir a Cristo verdaderamente vale la pena.


Reflexión

Tus hijos no solamente están escuchando lo que les enseñas; están observando cómo vives. No necesitan encontrar perfección en ti, pero sí necesitan encontrar coherencia, humildad y una fe auténtica. Antes de preguntarte si tus hijos están siguiendo tus consejos, pregúntate qué están aprendiendo de tu ejemplo.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Lo que tus hijos ven en tu vida coincide con lo que les enseñas?

  • ¿Qué están aprendiendo al observar cómo reaccionas ante los problemas?

  • ¿Tus hijos pueden ver que Dios ocupa realmente un lugar importante en tu vida?

  • ¿Hay alguna conducta que necesitas cambiar porque sabes que ellos también la están observando?



Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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