¿Lo amas o solo lo necesitas?
Una multitud buscaba a Jesús después de haber presenciado la multiplicación de los panes. Habían comido hasta saciarse y ahora querían encontrarlo nuevamente. Exteriormente parecía algo admirable: muchas personas estaban buscando a Jesús. Sin embargo, Cristo conocía una realidad que los demás no podían observar. Sabía qué los estaba motivando y les dijo claramente: “me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis”. Querían volver a encontrar al que había resuelto su necesidad, pero todavía no estaban comprendiendo verdaderamente quién estaba delante de ellos. Es posible buscar a Jesús y, al mismo tiempo, estar más interesados en lo que puede darnos que en conocerlo a Él.
Esta pregunta también debe llegar hasta nosotros: ¿qué sucede con nuestra relación con Dios cuando las cosas marchan bien? Es común buscarlo intensamente cuando aparece una enfermedad, una deuda, un problema familiar, una amenaza sobre el trabajo o alguna situación que ya no podemos controlar. Oramos, pedimos oración, abrimos la Biblia y clamamos por una respuesta. Y no hay nada malo en correr hacia Dios cuando estamos necesitados; Él mismo nos invita a hacerlo. El problema aparece cuando, después de recibir aquello que pedíamos o cuando la crisis desaparece, también desaparece nuestro interés por estar cerca de Él. Si solamente tenemos tiempo para Dios cuando necesitamos que intervenga, debemos preguntarnos si estamos buscando su corazón o únicamente su ayuda.
Jesús llevó a aquella multitud más allá del pan que habían recibido y habló de “la comida que a vida eterna permanece”. Ellos estaban concentrados en una necesidad temporal; Cristo quería dirigirlos hacia una realidad eterna. Finalmente les dijo: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado”. Jesús no vino simplemente para convertirse en una solución momentánea para nuestros problemas. Nuestra necesidad más profunda no es económica, física ni material: necesitamos reconciliarnos con Dios, y esa salvación se encuentra en Cristo. Las bendiciones pueden terminar, las circunstancias pueden cambiar y algunas de nuestras peticiones quizá no sean respondidas como esperamos, pero Cristo continúa siendo digno de nuestra fe, nuestra obediencia y nuestro amor.
Por eso existe una pregunta que revela mucho acerca de nuestra vida espiritual: si Dios no hiciera hoy aquello que estás esperando, ¿seguirías queriendo caminar con Él? La fe madura no ama a Dios únicamente por las puertas que abre, por la salud que concede, por la provisión que envía o por los problemas que resuelve. Aprende a reconocer que el mayor regalo de Dios no es solamente aquello que pone en nuestras manos, sino Cristo mismo. Busca al Señor cuando necesites ayuda, pero también búscalo cuando tengas abundancia. Ora cuando tengas problemas, pero también cuando estés viviendo días tranquilos. Agradécele por lo que te da, pero aprende a amarlo por quien Él es. Que tu relación con Dios no dependa únicamente de lo que esperas recibir de Él.
Reflexión
A veces una crisis revela cuánto necesitamos a Dios, pero los días buenos pueden revelar cuánto realmente deseamos permanecer cerca de Él.
Dios quiere que llevemos nuestras necesidades delante de su presencia, pero nuestra relación con Él debe ir más allá de recibir respuestas. Jesús no solamente quiere ocupar el lugar de quien resuelve tus problemas; Él debe ocupar el centro de tu vida.
Preguntas para reflexionar
¿Buscas a Dios con la misma intensidad cuando todo está bien que cuando tienes un problema?
¿Tu relación con Dios ha disminuido alguna vez después de recibir aquello por lo que estabas orando?
Si una petición importante no fuera respondida como esperas, ¿seguirías confiando en Cristo?
¿Qué lugar ocupa realmente Jesús en tu vida: es solamente quien buscas cuando necesitas algo o es el Señor a quien deseas seguir cada día?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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