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Todavía hay lugar

hace 6 horas
3 min de lectura


Jesús contó la parábola de un hombre que preparó una gran cena e invitó a muchos, pero cuando llegó el momento, los invitados comenzaron a presentar excusas. Uno había comprado una hacienda, otro necesitaba probar unos bueyes y otro acababa de casarse. Eran asuntos cotidianos, pero terminaron ocupando el lugar de una invitación mucho más importante. Entonces el señor de la casa ordenó a su siervo salir y traer a quienes normalmente podían ser ignorados por la sociedad. Después de hacerlo, el siervo regresó con una frase extraordinaria: “aún hay lugar”. La mesa todavía no estaba llena. La invitación continuaba abierta.


Estas palabras nos recuerdan la amplitud de la gracia de Dios. El evangelio no está reservado para personas que parecen tener una vida ordenada, un pasado limpio o una determinada posición social. Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Quizá alguien piense que ha pecado demasiado, que desperdició demasiados años o que su historia lo ha dejado demasiado lejos de Dios. Sin embargo, mientras la invitación del evangelio es proclamada, sigue existiendo un llamado a venir a Cristo. Nadie obtiene un lugar por méritos personales. La salvación es por gracia, mediante la fe en Jesucristo. Por eso la iglesia nunca debería decidir anticipadamente quién parece digno de escuchar el mensaje y quién no.


Pero esta parábola también coloca una responsabilidad sobre quienes ya conocemos la invitación. El señor dijo al siervo: “Ve por los caminos y por los vallados”. El siervo no debía permanecer dentro de la casa esperando que las personas aparecieran; tenía que salir. Nosotros también podemos acostumbrarnos tanto al evangelio que olvidemos cuántas personas todavía necesitan escucharlo. Hay familiares, compañeros de trabajo, vecinos, amigos y personas que encontramos diariamente que quizá nunca han comprendido claramente quién es Jesús y lo que hizo por ellos. Evangelizar no significa presionar o manipular a alguien para que crea; la expresión “fuérzalos a entrar” dentro de la parábola comunica la insistencia de la invitación, no una autorización para imponer la fe por la fuerza. Nuestra tarea es anunciar a Cristo con claridad, amor y urgencia.


También hay una advertencia seria en esta enseñanza. Los primeros invitados recibieron una invitación, pero estuvieron demasiado ocupados para responder. Podemos escuchar acerca de Dios muchas veces y continuar diciendo interiormente: “después”. Después buscaré a Dios, después cambiaré, después pensaré en mi eternidad. Pero Jesús muestra que la invitación no debe tratarse con indiferencia. Hoy es tiempo de responder a Cristo y también de compartirlo con otros. Si ya has recibido su gracia, no cierres la puerta detrás de ti. Mira nuevamente a las personas que Dios ha colocado a tu alrededor y recuerda las palabras del siervo: “aún hay lugar”.


Reflexión

El evangelio es una invitación demasiado grande para guardarla solamente para nosotros. Hay personas que quizá nunca entrarían por sí mismas a una iglesia, pero sí escucharían una conversación sincera contigo acerca de Jesús.

No necesitas conocer todas las respuestas para compartir tu fe. Puedes comenzar hablando de Cristo, contando lo que Él ha hecho y mostrando con tu vida la gracia que también tú has recibido.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Hay alguien cercano a ti con quien has sentido que deberías hablar acerca de Jesucristo?

  • ¿Has descartado a alguna persona pensando que probablemente nunca querrá acercarse a Dios?

  • ¿Estás permitiendo que las ocupaciones de esta vida te hagan indiferente a la invitación de Cristo?

  • ¿Qué puedes hacer esta semana para acercar el mensaje del evangelio a alguien que todavía necesita escucharlo?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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