¿Qué necesitas arreglar?
Jesús presenta una situación profundamente incómoda: alguien está a punto de presentar su ofrenda delante de Dios y, precisamente allí, recuerda que su hermano tiene algo contra él. Lo sorprendente es la instrucción de Jesús: “anda, reconcíliate primero con tu hermano”. Esto muestra que la espiritualidad no puede convertirse en un refugio para evitar nuestras responsabilidades personales. Podemos orar, congregarnos, servir y hablar de Dios, pero si sabemos que hemos causado daño y tenemos la posibilidad de enfrentarlo responsablemente, no deberíamos utilizar nuestras actividades espirituales para ignorarlo. Dios también está interesado en cómo tratamos a las personas.
Hay asuntos que permanecen abiertos durante años porque nadie quiere enfrentarlos. Una palabra hiriente que nunca reconocimos, dinero que debemos devolver, una promesa incumplida, una mentira que necesita aclararse, una disculpa que seguimos posponiendo o una conversación que evitamos porque sabemos que será incómoda. Con el paso del tiempo podemos aprender a vivir como si aquello ya no importara, pero el silencio no siempre significa que un problema haya sido resuelto. Jesús enseña la importancia de actuar “pronto”. Algunas situaciones se vuelven más difíciles cuanto más tiempo dejamos pasar. La madurez espiritual también consiste en reconocer cuándo debemos dejar de posponer y comenzar a reparar aquello que está dentro de nuestra responsabilidad.
Reconciliarse tampoco significa que podremos restaurar todas las relaciones exactamente como eran antes. Puede haber personas que no quieran escucharnos, daños cuyas consecuencias permanezcan o situaciones en las que, por seguridad, sea necesario mantener límites. Además, no podemos exigir que alguien vuelva a confiar inmediatamente solo porque pedimos perdón. Nuestra responsabilidad es hacer sinceramente aquello que depende de nosotros: reconocer nuestra falta sin excusas, pedir perdón cuando corresponda, devolver lo que debemos, corregir una mentira, cumplir una responsabilidad pendiente y procurar la paz. Romanos 12:18 dice: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. No podemos controlar la respuesta del otro, pero sí nuestra disposición a hacer lo correcto.
Por eso conviene detenernos y preguntarnos: ¿qué necesito arreglar? Tal vez inmediatamente vino a tu mente una persona, una conversación o una responsabilidad pendiente. No ignores esa inquietud solamente porque enfrentarla será incómodo. Ora, pide sabiduría y actúa con humildad. Quizá necesites hacer una llamada, enviar un mensaje, reconocer algo que hiciste, pagar una deuda o simplemente pronunciar palabras que has evitado durante demasiado tiempo: “Perdóname, estuve mal”. No todo podrá resolverse en un solo día, pero sí puedes comenzar haciendo aquello que está en tus manos. Una conciencia sensible delante de Dios no solamente pregunta qué debe dejar de hacer; también pregunta qué necesita reparar.
Reflexión
A veces pedimos a Dios paz mientras evitamos precisamente la conversación o responsabilidad que necesitamos enfrentar. Hay situaciones que requieren oración, pero también requieren acción.
No puedes cambiar el pasado, pero sí puedes decidir qué harás hoy con aquello que todavía está dentro de tu responsabilidad.
Preguntas para reflexionar
¿Hay alguien a quien hayas lastimado y todavía no has reconocido sinceramente tu responsabilidad?
¿Existe alguna deuda, promesa o compromiso pendiente que necesitas resolver?
¿Estás esperando que el tiempo arregle algo que en realidad necesita una conversación?
¿Qué paso concreto puedes dar para comenzar a reparar aquello que hoy Dios ha traído a tu memoria?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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