Entrega tu vida a Jesús
La salvación comienza con una verdad que todos necesitamos reconocer: hemos pecado y necesitamos la misericordia de Dios. No importa cuánto intentemos hacer lo correcto, nuestras buenas obras no pueden borrar nuestra culpa ni reconciliarnos por sí mismas con Dios. Sin embargo, Dios no nos dejó sin esperanza. Su respuesta a nuestra condición fue una expresión inmensa de amor y misericordia. Juan 3:16 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dios vio nuestra necesidad y entregó a su Hijo. Jesús vino a buscar y salvar al perdido, acercándose al pecador no para aprobar su pecado, sino para ofrecerle perdón, reconciliación y una vida nueva.
En la cruz podemos contemplar cuán grande es ese amor. Jesucristo, quien no tenía pecado, entregó voluntariamente su vida por nosotros. Allí cargó con nuestros pecados y recibió el castigo que nosotros merecíamos. Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Él no esperó que primero arregláramos nuestra vida para amarnos. Cristo murió por pecadores. Pero la historia no terminó en una tumba: Dios lo levantó de los muertos. Por eso Romanos 10 no solamente habla de confesar que Jesús es Señor, sino también de creer en el corazón que Dios lo levantó de los muertos. La cruz y la resurrección están en el centro de nuestra esperanza: Jesús murió por nuestros pecados y resucitó, venciendo la muerte.
Ahora la invitación del evangelio está delante de nosotros: “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. No dice solamente quienes tienen un pasado limpio, quienes nunca cometieron grandes errores o quienes consideran que merecen otra oportunidad. Dice todo aquel. La salvación es un regalo de la gracia de Dios que recibimos por medio de la fe en Jesucristo. Confesar a Jesús como Señor no consiste simplemente en repetir unas palabras sin creerlas; implica reconocer quién es Cristo y depositar nuestra confianza en Él. No somos salvos porque podamos pagar nuestra deuda espiritual, sino porque Jesús hizo por nosotros aquello que jamás podríamos hacer por nuestra cuenta. Su sangre fue derramada para nuestro perdón, y en Él tenemos la esperanza de vida eterna.
Tal vez has escuchado muchas veces acerca de Jesús, pero conocer acerca de Él no es lo mismo que confiar tu vida a Él. Quizá has pensado que algún día te acercarás a Dios cuando seas mejor, cuando abandones ciertos pecados o cuando tengas tu vida en orden. Pero Cristo te llama a venir a Él. Reconoce tu pecado, arrepiéntete, cree en Jesucristo y ríndete a su señorío. Entregar tu vida a Jesús no significa que desde ese momento nunca volverás a luchar o fallar; significa que ya no quieres continuar viviendo lejos de Él y que depositas tu esperanza de salvación únicamente en Cristo. No rechaces la misericordia que hoy se te ofrece. Aquel que murió en la cruz por ti también resucitó, y en Él hay perdón, reconciliación con Dios y vida eterna.
Reflexión
Tal vez piensas que has fallado demasiado para acercarte a Dios. Pero la cruz demuestra algo completamente diferente: Cristo conocía nuestra condición y aun así decidió entregar su vida por nosotros.
No necesitas esconder tu pecado ni intentar ganarte primero el amor de Dios. Ven a Jesús con arrepentimiento y fe. Su misericordia es mayor que tu pasado, y su sacrificio es suficiente para salvar al que verdaderamente cree en Él.
Preguntas para reflexionar
¿Has reconocido sinceramente delante de Dios que necesitas su perdón?
¿Estás confiando en tus buenas obras o únicamente en lo que Jesucristo hizo por ti?
¿Crees de corazón que Jesús murió por tus pecados y que Dios lo levantó de los muertos?
¿Qué te impide hoy arrepentirte, creer en Cristo y rendir tu vida completamente a Él?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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