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El poder de cinco minutos con Dios

22 ago
3 min de lectura


Hay días en los que desde que despertamos comenzamos a correr. Revisamos el teléfono, pensamos en el trabajo, atendemos responsabilidades, resolvemos pendientes y comenzamos nuestra jornada sin haber dedicado siquiera unos minutos a Dios. Después decimos que no tenemos tiempo para orar porque nuestra agenda está demasiado llena. Sin embargo, cinco minutos que normalmente entregamos sin pensarlo a una pantalla, a las noticias o a cualquier distracción pueden convertirse en cinco minutos para detenernos, hablar con Dios y recordar quién debe ocupar el primer lugar en nuestra vida.


Cinco minutos con Dios no son una fórmula espiritual ni significa que ese sea todo el tiempo que deberíamos dedicarle. Una relación profunda con el Señor necesita crecer en oración, en su Palabra y en comunión constante. Pero para alguien que ha permitido que las ocupaciones apaguen ese hábito, cinco minutos pueden ser un comienzo. David decía: “De mañana me presentaré delante de ti”. Antes de enfrentar todo lo que traería el día, dirigía su corazón hacia Dios. A veces necesitamos comenzar precisamente así: apartando intencionalmente unos minutos que nadie más ocupará.


En esos minutos puedes agradecer, contarle al Señor aquello que te preocupa, pedir sabiduría para las decisiones que enfrentarás y leer lentamente una porción de su Palabra. Quizá las circunstancias no cambien después de esos cinco minutos, pero tú puedes comenzar a enfrentarlas de una manera diferente. Una preocupación puede ser entregada, una actitud puede ser corregida, una decisión puede ser reconsiderada y una verdad de la Escritura puede acompañarte durante el resto del día. El valor de ese momento no está en la cantidad de minutos, sino en Aquel a quien estás buscando.


No esperes tener una hora disponible, encontrar el lugar perfecto o sentirte espiritualmente preparado para comenzar. Si llevas tiempo diciendo que quieres acercarte más a Dios, empieza con lo que tienes hoy. Aparta cinco minutos, guarda el teléfono, cierra la puerta si puedes y preséntate delante del Señor. Con el tiempo quizá cinco minutos se conviertan en diez, veinte o más, no por obligación, sino porque descubrirás que estar con Dios no es una tarea más dentro de tu agenda: es el lugar donde tu corazón aprende a detenerse, escuchar y recordar qué es verdaderamente importante.


Reflexión

Cinco minutos parecen muy poco hasta que pensamos cuántos entregamos diariamente a cosas que no transforman nuestra vida. Dios merece mucho más que unos minutos, pero si has perdido el hábito de buscarlo, no utilices la falta de tiempo como razón para seguir lejos. Comienza hoy. Una relación profunda también puede reconstruirse mediante pequeños momentos de búsqueda constante.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Cuánto tiempo pasa desde que despiertas hasta que tienes tu primer pensamiento consciente en Dios?

  • ¿Hay cinco minutos de tu rutina que podrías apartar diariamente para buscar al Señor?

  • ¿Qué distracción está ocupando el tiempo que podrías dedicar a la oración y a la Palabra?

  • ¿Estás dispuesto a comenzar hoy, aunque sea con unos minutos, y convertirlos poco a poco en un hábito?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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