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Cuida cómo hablas cuando estás enojado

9 ago
2 min de lectura


El enojo puede cambiar nuestra manera de hablar en cuestión de segundos. Cuando nos sentimos ofendidos, frustrados o atacados, podemos pronunciar palabras que normalmente nunca diríamos. En esos momentos queremos defendernos, responder inmediatamente o hacer sentir al otro lo mismo que nosotros estamos sintiendo. Sin embargo, una palabra dicha en unos segundos puede dejar una herida que tarde mucho tiempo en sanar. Por eso, la Biblia nos enseña que la sabiduría también se demuestra en la manera en que respondemos cuando estamos enojados.


Proverbios nos recuerda que una respuesta suave puede detener un conflicto, mientras que una palabra áspera puede hacerlo crecer. No siempre podemos controlar lo que otras personas dicen o hacen, pero sí somos responsables de nuestra respuesta. Guardar silencio por un momento, alejarnos antes de contestar o esperar hasta recuperar la calma puede evitar discusiones, ofensas y decisiones de las que después nos arrepintamos. El dominio propio no consiste en nunca sentir enojo, sino en no permitir que el enojo gobierne nuestras palabras.


También debemos recordar que pedir perdón después de haber herido a alguien es necesario, pero no siempre borra inmediatamente el daño causado. Hay palabras que permanecen durante años en la memoria de un esposo, una esposa, un hijo, un familiar o un amigo. Por eso debemos aprender a cuidar nuestra boca antes de hablar. Efesios 4:26 enseña: “Airaos, pero no pequéis”; podemos experimentar enojo sin convertirlo en insultos, humillaciones, amenazas o palabras destructivas. Dios desea enseñarnos a expresar lo que sentimos sin lastimar a quienes tenemos delante.


Jesucristo enfrentó provocaciones, acusaciones e injusticias sin permitir que la ira pecaminosa controlara sus palabras. Como seguidores de Cristo, necesitamos pedir al Espíritu Santo que produzca dominio propio en nosotros. Antes de responder cuando estés enojado, detente y permite que Dios gobierne tu corazón. No necesitas ganar cada discusión ni responder inmediatamente a cada provocación. A veces, una de las mayores muestras de madurez espiritual es saber callar hasta poder hablar con verdad, sabiduría y amor.


Reflexión

Nuestro carácter no solamente se demuestra cuando todo está bien, sino también cuando somos provocados. Las palabras pronunciadas durante el enojo pueden revelar áreas del corazón que todavía necesitan ser transformadas por Dios. Antes de hablar, recuerda que una respuesta sabia puede evitar una herida que después será difícil reparar.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Cambias tu manera de hablar cuando estás enojado?

  • ¿Has herido a alguien con palabras pronunciadas en un momento de ira?

  • ¿Sabes detenerte antes de responder cuando una conversación comienza a convertirse en una discusión?

  • ¿Qué necesitas permitir que Dios transforme en tu manera de reaccionar?



Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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