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¿Cómo tratas a alguien que ya no necesitas?

25 ago
3 min de lectura


Es relativamente fácil tratar bien a una persona mientras necesitamos algo de ella. Somos atentos con quien puede ayudarnos, abrirnos una puerta, resolver un problema, trabajar para nosotros o proporcionarnos algo que necesitamos. Pero una prueba mucho más profunda del carácter aparece cuando esa persona deja de ser útil para nuestros intereses. ¿Seguimos tratándola con el mismo respeto cuando ya no puede ofrecernos nada? La manera en que tratamos a quienes no pueden beneficiarnos revela mucho acerca de lo que realmente hay en nuestro corazón.


La carta a Filemón presenta una transformación extraordinaria en la manera de mirar a una persona. Onésimo había sido esclavo de Filemón, pero después de conocer a Cristo, Pablo pidió que fuera recibido “no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado”. El evangelio obligaba a mirar más allá de la utilidad que aquella persona podía tener. Onésimo no debía ser valorado simplemente por lo que podía hacer, sino reconocido como un hermano en Cristo. Delante de Dios, el valor de una persona nunca depende de cuánto pueda producir para nosotros.


Este principio alcanza muchas relaciones actuales. Podemos aplicarlo a quien trabajó para nosotros, a un empleado que se retira, a una persona que alguna vez nos ayudó, a un amigo que ya no tiene los mismos contactos o recursos, e incluso a familiares que con los años comienzan a necesitarnos más de lo que pueden ayudarnos. El amor cristiano no utiliza a las personas mientras son convenientes y después las desecha. Santiago 2 también advierte contra tratar mejor a alguien simplemente por su posición o apariencia. Cuando Cristo transforma nuestro corazón, aprendemos a mirar dignidad donde el mundo solamente calcula utilidad.


Por eso vale la pena observar cómo tratamos a quienes no pueden darnos nada a cambio. ¿Seguimos saludándolos? ¿Los escuchamos? ¿Los tratamos con dignidad? ¿Recordamos lo que alguna vez hicieron por nosotros? Jesús nunca enseñó un amor basado en conveniencias. Él nos amó cuando nosotros no teníamos absolutamente nada con qué pagarle. Si hemos recibido semejante gracia, también debemos aprender a relacionarnos con las personas por amor y no solamente por interés. El carácter cristiano se hace especialmente visible cuando tratamos con dignidad a alguien de quien ya no necesitamos nada.


Reflexión

Una persona nunca pierde su valor porque haya dejado de ser útil para nosotros. Dios no mide a las personas por su productividad, posición, dinero o capacidad para devolver favores. Pregúntate cómo cambia tu trato cuando ya no necesitas algo de alguien. Allí puede existir una oportunidad profunda para que Dios examine nuestras motivaciones.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Tratas diferente a las personas cuando sabes que pueden ayudarte?

  • ¿Has dejado de buscar a alguien después de obtener lo que necesitabas de esa persona?

  • ¿Reconoces el valor de quienes ya no pueden ofrecerte ningún beneficio?

  • ¿Hay alguien a quien necesitas volver a tratar con la dignidad, gratitud y amor que merece?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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