No todo lo que quieres te conviene
- Tesoros en el cielo

- 12 ago
- 2 min de lectura
No todo lo que deseamos necesariamente es bueno para nosotros. Podemos querer una relación, una oportunidad, una compra, una experiencia o incluso una forma de vivir que parece hacernos felices, pero nuestros deseos no siempre son una guía confiable. Pablo enseñó a los creyentes de Corinto un principio fundamental: no basta preguntarnos si podemos hacer algo; también debemos preguntarnos si nos conviene, si honra a Dios y qué consecuencias tendrá en nuestra vida. La libertad cristiana no consiste en hacer todo lo que queremos, sino en aprender a escoger aquello que verdaderamente nos hace bien delante del Señor.
También existen cosas que, aunque parezcan inofensivas al principio, pueden terminar dominándonos. Pablo afirma: “yo no me dejaré dominar de ninguna”. Ese principio alcanza muchas áreas de nuestra vida: hábitos, entretenimiento, dinero, comida, relaciones, redes sociales, placeres o cualquier deseo que comience a controlar nuestras decisiones. Cuando algo ocupa nuestros pensamientos constantemente, determina nuestro estado de ánimo o sentimos que ya no podemos renunciar a ello, debemos preguntarnos si estamos disfrutando de algo con libertad o si ese deseo ha comenzado a gobernarnos.
Por eso necesitamos aprender a poner nuestros deseos delante de Dios. A veces oramos insistentemente para que Él nos conceda algo, sin considerar que su respuesta puede ser “no”. Y ese “no” también puede ser una expresión de su amor. Dios ve consecuencias que nosotros todavía no vemos, conoce intenciones que desconocemos y sabe hacia dónde puede llevarnos aquello que hoy deseamos. Una puerta cerrada no siempre significa que Dios nos está quitando algo bueno; en ocasiones significa que nos está protegiendo de algo que no nos convenía.
La madurez espiritual comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente “¿qué quiero?” y comenzamos a preguntar “¿qué quiere Dios para mí?”. Seguir a Cristo implica aprender a renunciar incluso a ciertos deseos cuando estos compiten con su voluntad. No todo lo atractivo será conveniente, no toda oportunidad deberá aprovecharse y no todo lo que produzca placer traerá verdadera paz. Podemos confiar en que aquello que Dios nos pide dejar nunca será más valioso que lo que encontramos permaneciendo cerca de Él.
Reflexión
Nuestros deseos pueden cambiar, engañarnos e incluso dominarnos; la sabiduría de Dios permanece. Antes de perseguir aquello que deseas, pregúntate si realmente te conviene y si te acerca al Señor. Algunas de las mayores muestras del amor de Dios pueden encontrarse en aquello que Él no permitió que llegara a nuestra vida.
Preguntas para reflexionar
¿Hay algo que deseas profundamente sin haberte preguntado si realmente te conviene?
¿Existe alguna cosa que poco a poco esté comenzando a dominar tu vida?
¿Aceptarías un “no” de Dios si Él sabe que aquello que deseas terminará haciéndote daño?
¿Estás buscando primero satisfacer tus deseos o conocer la voluntad del Señor?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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