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La oración cambia nuestra manera de enfrentar los problemas

7 sept
3 min de lectura


Josafat recibió una noticia alarmante: un gran ejército venía contra Judá. La Biblia no presenta a un hombre indiferente ante el peligro; dice claramente que “tuvo temor”. Sin embargo, hizo algo importante con ese miedo: “humilló su rostro para consultar a Jehová”. Antes de permitir que el temor dirigiera todas sus decisiones, buscó a Dios. Esto nos enseña que sentir preocupación frente a un problema no significa necesariamente falta de fe. La diferencia está en lo que hacemos después de sentirla.


Muchas veces reaccionamos de manera contraria. Recibimos una mala noticia e inmediatamente comenzamos a imaginar todos los posibles desenlaces. Hacemos llamadas, buscamos opiniones, discutimos, tomamos decisiones apresuradas y pasamos horas pensando en aquello que podría ocurrir. Después de intentar resolverlo todo, finalmente recordamos orar. Josafat nos muestra otro orden: buscar primero a Dios. Esto no significa abandonar la responsabilidad, dejar de actuar o esperar pasivamente que todo se resuelva. Significa permitir que la oración prepare nuestro corazón antes de enfrentar aquello que tenemos delante.


La oración también cambia nuestra perspectiva. Josafat comenzó reconociendo quién era Dios: “¿no eres tú Dios en los cielos?”. El ejército enemigo seguía allí, pero ahora el rey estaba recordando que el problema no era lo único presente en aquella situación. También estaba Dios. Cuando oramos, dejamos de mirar exclusivamente el tamaño de nuestra dificultad y comenzamos a recordar el poder, la fidelidad y el carácter de Aquel a quien estamos llevando nuestra necesidad. Quizá las circunstancias todavía no hayan cambiado, pero nuestra manera de contemplarlas comienza a cambiar.


Más adelante, Josafat expresó una de las declaraciones más sinceras de aquella oración: “no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12). Hay momentos en los que reconocer que no sabemos qué hacer es precisamente el comienzo de una dependencia más profunda de Dios. No siempre tendremos una respuesta inmediata, pero podemos detenernos, orar, buscar sabiduría y después tomar las decisiones que correspondan. La oración no es una manera de escapar de los problemas; es una manera diferente de entrar en ellos: no confiando solamente en nuestras fuerzas, sino dependiendo de Dios mientras hacemos nuestra parte.


Reflexión

Cuando aparece un problema, nuestra primera reacción revela dónde estamos buscando seguridad. Podemos correr inmediatamente hacia la preocupación, el enojo o nuestras propias soluciones, o podemos aprender a detenernos y consultar primero a Dios. Orar no significa negar la gravedad de lo que sucede. Significa reconocer que no queremos enfrentarlo solamente con nuestros propios recursos.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Cuál suele ser tu primera reacción cuando recibes una noticia preocupante?

  • ¿Buscas a Dios antes de tomar decisiones importantes o solamente después de haber intentado resolverlo todo?

  • ¿Existe actualmente algún problema que estás pensando mucho, pero por el cual has orado poco?

  • ¿Puedes reconocer delante de Dios que no sabes qué hacer y pedirle sabiduría para dar el siguiente paso?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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Amen

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