La inconformidad puede contagiarse
Coré no guardó su inconformidad solamente en su corazón. Comenzó a compartirla, encontró personas dispuestas a escucharla y terminó reuniendo a doscientos cincuenta hombres influyentes para levantarse contra Moisés y Aarón. Lo que pudo haber comenzado como un descontento personal terminó convirtiéndose en una rebelión colectiva. Esta historia nos recuerda que nuestras actitudes rara vez permanecen únicamente dentro de nosotros. La inconformidad, cuando se alimenta y se comparte constantemente, puede extenderse hasta cambiar la manera en que otras personas comienzan a mirar una situación.
Esto también ocurre actualmente. En una familia, una iglesia, un trabajo o cualquier grupo, alguien puede comenzar a expresar continuamente aquello que le molesta. Después encuentra a otra persona que piensa parecido, luego a otra, y poco a poco se forma un ambiente de inconformidad. Lo que inicialmente era una diferencia personal comienza a convertirse en conversaciones privadas, críticas constantes, sospechas y finalmente división. Esto no significa que debamos permanecer callados ante algo verdaderamente incorrecto. Hay situaciones que necesitan ser señaladas. El problema aparece cuando dejamos de buscar una solución y comenzamos a buscar personas que se unan a nuestro descontento.
También debemos tener cuidado cuando somos nosotros quienes escuchamos. No toda inconformidad que alguien comparte debe convertirse automáticamente en nuestra inconformidad. Podemos terminar molestos con una persona que nunca nos hizo nada simplemente porque escuchamos repetidamente la versión de alguien más. Proverbios 18:17 dice: “Justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre”. La sabiduría escucha, comprueba los hechos y evita tomar partido precipitadamente. Antes de unirnos a una crítica debemos preguntarnos si conocemos realmente toda la situación.
La historia de Coré terminó mostrando cuán graves pueden ser las consecuencias de alimentar una rebelión. Por eso, cuando algo nos incomoda, debemos llevar primero nuestro corazón delante de Dios y buscar una manera correcta de resolverlo. Habla con quien corresponde, expresa tu preocupación con respeto y procura la reconciliación antes que la división. Y si alguien intenta involucrarte constantemente en conversaciones que solamente producen resentimiento, aprende también a poner límites. No permitas que la inconformidad de otra persona se convierta en amargura dentro de tu propio corazón.
Reflexión
Las actitudes también se contagian. Podemos transmitir gratitud, paz y esperanza, pero también podemos transmitir inconformidad, sospecha y resentimiento. Antes de compartir constantemente aquello que te molesta, pregúntate si estás buscando realmente una solución o simplemente personas que estén de acuerdo contigo.
Preguntas para reflexionar
¿Estás compartiendo una inconformidad con demasiadas personas en lugar de hablar con quien puede resolverla?
¿Alguna vez has terminado molesto con alguien solamente por escuchar la versión de otra persona?
¿Tus conversaciones están ayudando a encontrar soluciones o están aumentando la división?
¿Qué actitud estás contagiando actualmente a las personas que te rodean?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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