top of page

Jesús enseñó a amar al enemigo

5 sept
3 min de lectura


Amar a quienes nos aman parece natural. Lo difícil comienza cuando pensamos en la persona que nos lastimó, habló mal de nosotros, nos traicionó, actuó injustamente o continúa tratándonos con desprecio. Jesús llevó el amor mucho más allá de la reciprocidad. Dijo: “Amad a vuestros enemigos”. No estaba enseñando que debemos aprobar el mal, negar una injusticia o permanecer indefensos ante el abuso. Estaba enseñando que el comportamiento de otra persona no debe determinar en qué clase de persona nos convertiremos nosotros. El cristiano puede rechazar lo malo sin permitir que el odio gobierne su corazón.


Pero Jesús no solamente pronunció estas palabras desde una montaña; las vivió. Fue rechazado, acusado falsamente, golpeado, humillado y finalmente crucificado. Sin embargo, mientras estaba en la cruz, oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). En uno de los momentos de mayor injusticia de su vida terrenal, sus palabras no fueron una petición de venganza, sino una oración por quienes participaban en su sufrimiento. El mismo Jesús que dijo que oráramos por quienes nos persiguen mostró cómo hacerlo cuando Él mismo fue perseguido.


Amar al enemigo tampoco significa necesariamente volver a confiar inmediatamente en quien nos hizo daño. El perdón y la reconciliación no siempre son exactamente lo mismo. Puede haber situaciones en las que sea necesario establecer límites, tomar distancia, denunciar una injusticia o permitir que existan consecuencias. Jesús no nos pide llamar bueno a lo que está mal. Lo que sí nos pide es renunciar a alimentar el odio, la venganza y el deseo de destruir a quien nos hirió. Podemos buscar justicia sin convertirnos en personas dominadas por el rencor.


Por eso una de las expresiones más profundas del amor cristiano aparece cuando decidimos orar por alguien que nos ha lastimado. Quizá al principio no sintamos deseos de hacerlo. Amar al enemigo no depende solamente de una emoción; también implica una decisión de obediencia. Podemos pedir a Dios que trate con esa persona, que transforme su corazón y que también sane el nuestro. Cuando respondemos de esta manera, seguimos las huellas de Cristo. Jesús no solamente nos dejó una enseñanza difícil; nos dejó su propio ejemplo.


Reflexión

Es fácil admirar las palabras de Jesús sobre amar al enemigo hasta que tenemos que aplicarlas a una persona concreta. Entonces descubrimos cuánto necesitamos que Dios transforme nuestro corazón. Amar no significa justificar lo que ocurrió ni negar el dolor. Significa decidir que la ofensa recibida no tendrá autoridad para convertirnos en personas llenas de odio.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Hay alguna persona hacia la que todavía estás alimentando resentimiento o deseos de venganza?

  • ¿Puedes distinguir entre perdonar a alguien y permitir nuevamente conductas que te hacen daño?

  • ¿Cuándo fue la última vez que oraste sinceramente por una persona que te ha tratado mal?

  • ¿Tu reacción hacia quienes te ofenden se parece cada vez más a la manera en que Cristo respondió a quienes lo maltrataron?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


Haz clic en la imagen si deseas saber cómo ser salvo y cómo puedes ir al cielo.
cómo puedo ir al cielo

facebook tesoros en el cielo
instagram tesoros en el cielo
youtube tesoros en el cielo
spotify tesoros en el cielo
spotify kids tesoros en el cielo

 
 
 

Comentarios


bottom of page