Fortalece a alguien
David estaba atravesando una de las temporadas más difíciles de su vida. Saúl lo perseguía para matarlo, obligándolo a esconderse y vivir constantemente bajo amenaza. Jonatán no podía terminar aquella persecución, cambiar inmediatamente el corazón de su padre ni sacar a David de todas sus dificultades. Sin embargo, hizo algo profundamente valioso: fue hasta donde David estaba. Hay momentos en los que pensamos que, si no podemos solucionar el problema de alguien, entonces no tenemos mucho que ofrecer. Pero algunas veces lo que una persona necesita no es que lleguemos con todas las respuestas, sino descubrir que alguien está dispuesto a caminar hacia su desierto y acompañarla allí.
La Escritura dice que Jonatán “fortaleció su mano en Dios”. No fortaleció a David diciéndole simplemente que pensara positivamente o que todo saldría bien. Dirigió nuevamente su mirada hacia Dios y hacia aquello que Dios había determinado para su vida. David estaba viendo a Saúl, el peligro y la incertidumbre; Jonatán le ayudó a recordar que la amenaza que tenía delante no anulaba los propósitos de Dios. Esa es una de las maneras más valiosas de ayudar a alguien: no minimizar su problema, sino recordarle que su problema tampoco es más grande que Dios.
Nosotros también podemos convertirnos en esa clase de personas. Quizá tienes cerca a alguien atravesando una enfermedad, una pérdida, dificultades económicas, problemas familiares, incertidumbre o una temporada de profundo cansancio. Probablemente no puedas cambiar sus circunstancias, pero puedes llamarlo, escucharlo, orar con él, compartir una palabra bíblica apropiada o simplemente recordarle que no está solo. Debemos tener cuidado de no ofrecer explicaciones rápidas para dolores que no comprendemos completamente. Fortalecer a alguien no significa decirle cómo debería sentirse; significa ayudarle a sostener su confianza en Dios mientras atraviesa aquello que le está costando enfrentar.
También resulta significativo que Jonatán tuvo que levantarse e ir hasta David. Animar a otros requiere intención. Muchas veces pensamos: “Espero que esté bien”, pero nunca hacemos aquella llamada, enviamos aquel mensaje o buscamos el momento para acercarnos. Tal vez hoy Dios ha puesto el nombre de alguien en tu corazón porque tú puedes ser ese Jonatán que necesita. No tienes que resolver su vida. Quizá solamente necesitas estar presente y ayudarle a recordar una verdad que el dolor le está haciendo difícil ver. Una conversación llena de fe puede no cambiar inmediatamente las circunstancias de una persona, pero sí puede darle nuevas fuerzas para continuar atravesándolas.
Reflexión
Jonatán no eliminó el desierto de David, pero lo ayudó a atravesarlo fortaleciendo su confianza en Dios. Algunas veces nuestro servicio más importante no consiste en solucionar problemas, sino en permanecer cerca de alguien mientras los enfrenta.
Tal vez existe una persona que hoy necesita menos consejos y más compañía; menos explicaciones y más oración; menos palabras vacías y un recordatorio sincero de que Dios todavía está presente.
Preguntas para reflexionar
¿Hay alguien cerca de ti que actualmente está atravesando una temporada difícil?
¿Sueles alejarte cuando no sabes cómo solucionar el problema de otra persona?
¿Tus palabras ayudan a las personas a mirar nuevamente hacia Dios o solamente les ofrecen ánimo momentáneo?
¿A quién podrías llamar, visitar o escribir hoy para fortalecer su confianza en Dios?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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