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Cumple tus promesas

1 sept
2 min de lectura


Prometer algo es fácil; cumplirlo puede ser mucho más difícil. En un momento de emoción, necesidad o entusiasmo podemos decir: “Yo lo voy a hacer”, “cuenta conmigo”, “mañana te lo entrego”, “te voy a ayudar” o “te prometo que voy a cambiar”. Pero después pasan los días, aparecen otras responsabilidades y aquello que aseguramos que haríamos queda olvidado. Eclesiastés nos recuerda que nuestras palabras tienen peso. En su contexto, el pasaje habla específicamente de los votos hechos delante de Dios, pero también revela un principio importante: no debemos hablar ligeramente cuando asumimos un compromiso.


Dios toma en serio aquello que decimos. Por eso el texto afirma: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. No necesitamos comprometernos con todo ni responder inmediatamente a cada petición. Algunas veces es mucho más responsable decir: “Necesito revisar si puedo hacerlo” que ofrecer una promesa que probablemente no podremos cumplir. Jesús también enseñó en Mateo 5:37: “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no”. Una persona íntegra procura que exista coherencia entre sus palabras y sus acciones.


Esto tiene una aplicación muy práctica en nuestras relaciones. Cuando constantemente prometemos algo a nuestros hijos y no lo hacemos, cuando acordamos algo con nuestro esposo o esposa y después lo ignoramos, cuando aseguramos a un cliente, compañero o amigo que cumpliremos cierta responsabilidad y repetidamente fallamos, la confianza comienza a desgastarse. Quizá para nosotros solamente fue una promesa pequeña, pero para la otra persona pudo haber sido algo importante. La confianza se fortalece cuando los demás descubren que nuestra palabra tiene valor.


También existen promesas que hicimos apresuradamente y que después descubrimos que no podemos cumplir. En esos casos, no debemos simplemente desaparecer o fingir que nunca dijimos nada. La integridad también consiste en reconocer nuestra equivocación, hablar con la persona afectada, pedir perdón cuando corresponda y explicar con sinceridad nuestra situación. No siempre podremos cumplir todo exactamente como lo imaginamos, pero sí podemos actuar responsablemente frente a nuestra palabra. Antes de prometer, piensa; después de comprometerte, haz todo lo posible por cumplir.


Reflexión

Tu palabra forma parte de tu testimonio. Las personas aprenden si pueden confiar en ti observando la relación entre lo que dices y lo que haces. No necesitas hacer muchas promesas para demostrar que eres una persona confiable. Necesitas aprender a hablar con prudencia y a tomar seriamente los compromisos que decides asumir.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Sueles prometer cosas rápidamente sin considerar primero si realmente podrás cumplirlas?

  • ¿Existe alguna promesa pendiente que necesitas atender?

  • ¿Tus familiares, amigos y personas que trabajan contigo pueden confiar en tu palabra?

  • ¿Necesitas hablar con alguien porque prometiste algo que finalmente no podrás cumplir?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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