Cuida tus días de abundancia
En los tiempos difíciles solemos recordar con facilidad cuánto necesitamos a Dios. Cuando falta el dinero, aparece una enfermedad, enfrentamos incertidumbre o una puerta parece cerrada, oramos con intensidad y buscamos su dirección. Pero Deuteronomio presenta otro peligro que puede pasar inadvertido: olvidarnos de Dios precisamente cuando las cosas comienzan a ir bien. Israel estaba por entrar en una tierra donde tendría alimento, casas, ganado y recursos. Moisés no les dijo que disfrutar de esas bendiciones fuera incorrecto; les advirtió que la abundancia podía hacerles olvidar de dónde había venido todo.
La prosperidad tiene una manera silenciosa de producir autosuficiencia. Cuando tenemos estabilidad económica, trabajo, salud, propiedades o proyectos que avanzan, podemos comenzar a sentir que ya tenemos todo bajo control. La oración que antes era indispensable puede volverse ocasional. La gratitud puede convertirse en costumbre y aquello que un día reconocíamos como una bendición empieza a parecernos simplemente el resultado de nuestra capacidad. Por eso Dios advirtió: “y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios”. El problema no estaba en tener más, sino en permitir que tener más produjera un corazón que creyera necesitar menos a Dios.
El pasaje también enseña qué hacer con la abundancia: “comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios”. Dios no estaba prohibiendo disfrutar de aquello que Él les había dado. Estaba enseñándoles a disfrutarlo sin olvidar al Dador. Cuando llegue una buena temporada, agradécela. Si tu negocio prospera, agradece. Si tienes alimento en tu mesa, reconoce la provisión de Dios. Si puedes comprar algo que antes no podías, disfrútalo con responsabilidad. Si has alcanzado una estabilidad que durante años pediste en oración, recuerda cómo Dios te sostuvo mientras llegabas hasta allí. La gratitud protege al corazón de convertir una bendición en motivo de orgullo.
Por eso debemos cuidar especialmente nuestros días buenos. Continúa orando cuando ya pasó la crisis. Sigue congregándote cuando todo marcha bien. Mantén tu generosidad cuando tus recursos aumenten. Busca la dirección de Dios aunque tengas experiencia y capacidad para tomar decisiones. Y nunca permitas que tus logros te hagan mirar con superioridad a quienes todavía atraviesan temporadas difíciles. La abundancia también es una responsabilidad. Dios puede poner más en nuestras manos, pero debemos procurar que mientras aumenten nuestras bendiciones también aumenten nuestra gratitud, humildad y disposición para bendecir a otros.
Reflexión
No solamente necesitamos aprender a confiar en Dios durante la escasez; también necesitamos aprender a recordarlo durante la abundancia. Una de las pruebas más silenciosas del corazón comienza cuando recibimos aquello que durante mucho tiempo estuvimos pidiendo. La pregunta entonces cambia: ¿seguiremos buscando al Dador cuando ya tenemos el regalo?
Preguntas para reflexionar
¿Buscas a Dios con la misma intensidad cuando las cosas están bien que cuando atraviesas una necesidad?
¿Hay alguna bendición que con el tiempo has comenzado a considerar como algo garantizado?
¿Tus logros te han hecho más agradecido y generoso o más autosuficiente?
¿Cómo puedes utilizar la abundancia que Dios ha puesto en tus manos para bendecir también a otras personas?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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