Cuando el corazón está inquieto
Hay momentos en los que aparentemente todo continúa con normalidad, pero por dentro el corazón está inquieto. Pensamos demasiado en el futuro, imaginamos lo que podría salir mal, esperamos una noticia, enfrentamos cambios que no escogimos o simplemente sentimos que existen demasiadas cosas fuera de nuestro control. Jesús conocía perfectamente esa clase de inquietud. Cuando dijo a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón”, ellos estaban entrando en una etapa que no comprendían completamente. Jesús había hablado de su partida y muy pronto enfrentarían acontecimientos que cambiarían sus vidas.
Por eso sus palabras no fueron una invitación a ignorar la realidad. Jesús no les dijo que nada difícil sucedería. En cambio, les dio una razón para enfrentar lo que venía: “creéis en Dios, creed también en mí”. La respuesta de Cristo al corazón turbado fue llevarlo nuevamente hacia la confianza. Hay situaciones que no podremos resolver inmediatamente y preguntas cuya respuesta todavía no conocemos. En esos momentos, la fe no consiste en saber exactamente qué ocurrirá; consiste en saber en quién hemos depositado nuestra vida aunque todavía no sepamos qué ocurrirá.
Después Jesús dirigió la mirada de sus discípulos mucho más allá de sus circunstancias inmediatas. Les habló de la casa del Padre y les aseguró: “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Cristo les recordó que su historia no terminaba en la incertidumbre que estaban a punto de atravesar. Para quien pertenece a Cristo existe una esperanza que va más allá de cualquier problema temporal: estar para siempre con Él. Las circunstancias presentes pueden cambiar, pero la promesa de Cristo permanece.
Esto también nos ayuda a colocar nuestras preocupaciones en perspectiva. Quizá hoy exista algo que verdaderamente necesita tu atención. Ora, busca consejo, toma decisiones responsables y haz aquello que esté en tus manos. Pero después reconoce también aquello que no puedes controlar. No permitas que tu mente viva continuamente adelantándose a problemas que todavía no han ocurrido. Cuando tu corazón comience a inquietarse, vuelve a las palabras de Jesús. Recuerda quién es Él, recuerda sus promesas y entrega nuevamente aquello que estás intentando controlar. La paz comienza cuando nuestra confianza deja de descansar exclusivamente en las circunstancias y vuelve a descansar en Cristo.
Reflexión
Jesús no dijo: “No tendrán motivos para preocuparse”. Dijo: “No se turbe vuestro corazón”. Él sabía que vendrían momentos difíciles, pero también sabía que sus discípulos tendrían una esperanza mayor que sus circunstancias. Cuando el corazón se inquieta, necesitamos recordar que nuestra seguridad final no está en que todo salga exactamente como deseamos, sino en pertenecer a Cristo y confiar en sus promesas.
Preguntas para reflexionar
¿Qué situación está inquietando actualmente tu corazón?
¿Estás preocupándote por cosas que todavía no han ocurrido?
¿Tu tranquilidad depende de tener todas las respuestas o de confiar en Cristo aun cuando no las tienes?
¿Qué preocupación necesitas entregar nuevamente a Dios hoy?
Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.
Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.
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