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Aprende a llegar a tiempo

21 ago
2 min de lectura


Llegar tarde constantemente puede parecer un detalle sin importancia, pero muchas veces revela algo que necesitamos aprender a corregir. El tiempo es un recurso que Dios nos ha dado y debemos administrarlo con responsabilidad. Cuando sabemos que tenemos un compromiso y aun así salimos tarde, dejamos todo para el último momento o hacemos esperar repetidamente a los demás, no solamente estamos administrando mal nuestro tiempo; también estamos utilizando tiempo que pertenece a otras personas.


La puntualidad también es una manera de mostrar consideración. Llegar a tiempo a una reunión, al trabajo, a una cita, a la iglesia o a un compromiso comunica que valoramos a quienes nos esperan y que nuestra palabra tiene importancia. Por supuesto, existen imprevistos que nadie puede controlar: tráfico inesperado, emergencias o situaciones que alteran nuestros planes. El problema no es llegar tarde alguna vez, sino convertir la impuntualidad en una costumbre y esperar siempre que los demás se adapten a nosotros.


Efesios nos llama a vivir sabiamente, “aprovechando bien el tiempo”. Aunque el pasaje tiene un sentido mucho más amplio que la puntualidad, su enseñanza nos recuerda que el creyente no debe vivir de manera descuidada. Podemos aplicar esa sabiduría aprendiendo a organizarnos, calcular cuánto tiempo necesitamos, preparar con anticipación aquello que utilizaremos y dejar un margen para los imprevistos. Muchas veces llegar tarde no se debe a falta de tiempo, sino a falta de planificación.


Ser puntual puede parecer una pequeña disciplina, pero las pequeñas disciplinas también forman nuestro carácter. Si has desarrollado el hábito de llegar tarde, no necesitas justificarlo diciendo: “Así soy”. Los hábitos pueden cambiar. Comienza preparando las cosas con anticipación, establece horarios realistas y procura salir unos minutos antes. Administrar bien nuestro tiempo también forma parte de vivir responsablemente delante de Dios y de respetar a las personas que Él ha puesto a nuestro alrededor.


Reflexión

El tiempo que hacemos perder a los demás no podemos devolvérselo. La puntualidad no se trata solamente de mirar el reloj; también habla de responsabilidad, consideración y respeto. Aprender a llegar a tiempo puede ser una pequeña decisión que produzca un gran cambio en nuestra manera de vivir.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Llegar tarde se ha convertido en una costumbre en tu vida?

  • ¿Estás considerando el tiempo de las personas que tienen que esperarte?

  • ¿Qué hábito o falta de organización está provocando tu impuntualidad?

  • ¿Qué puedes comenzar a preparar con anticipación para llegar a tiempo a tus compromisos?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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