top of page

Cuando el silencio pesa… Dios sigue presente


Lectura bíblica (Salmo 139:7–12, RVR1960)

7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. 9 Si tomare las alas del albaY habitare en el extremo del mar, 10 Aun allí me guiará tu mano,Y me asirá tu diestra. 11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. 12 Aun las tinieblas no encubren de ti,Y la noche resplandece como el día;Lo mismo te son las tinieblas que la luz.


Ricardo siempre fue un hombre firme. Acostumbrado a resolver, a tomar decisiones, a sostener a los suyos sin mostrar debilidad. Su vida estaba ordenada, sus responsabilidades claras… hasta que comenzaron a llegar situaciones que no pudo controlar.


El negocio empezó a fallar. Los ingresos dejaron de ser constantes. Las deudas crecieron en silencio. En casa, la preocupación comenzó a notarse, aunque nadie lo dijera abiertamente.

Ricardo no se detenía. Seguía avanzando, resolviendo lo urgente, intentando mantener todo en pie. Pero por dentro, algo se estaba desgastando.


Había noches en las que el cansancio no era físico, sino interno. Una sensación de carga constante, como si llevara algo que no podía soltar.


Pensaba en todo lo que faltaba por resolver… y en todo lo que ya no dependía de él.

En medio de ese proceso, su relación con Dios comenzó a cambiar. No dejó de creer, pero sí dejó de acercarse. La oración se volvió distante, intermitente, casi ausente.


Hasta que una noche, sin distracciones, sin ruido, sin respuestas… decidió detenerse.


Se inclinó, apoyó sus manos y habló con Dios desde lo que realmente había dentro de él:


—Señor, ya no puedo sostener todo esto. Me siento rebasado. No sé cómo seguir, pero necesito que Tú me sostengas.


No hubo un cambio inmediato en sus circunstancias. Los problemas seguían ahí. Las responsabilidades también.


Pero algo sí cambió dentro de él.


Dejó de intentar cargar todo solo.


Comenzó a buscar a Dios de nuevo, no desde la obligación, sino desde la necesidad real.

Con el tiempo, las cosas fueron tomando orden. Algunas situaciones se resolvieron, otras no de la manera que él esperaba, pero su corazón ya no estaba en el mismo lugar.


Había entendido algo que antes solo conocía en teoría:


Dios no se ausenta en los momentos difíciles… simplemente nosotros dejamos de percibirlo cuando queremos sostener todo por nuestra cuenta.


Reflexión


Hay etapas donde el silencio pesa más que el ruido. Donde la carga no se comparte, donde las decisiones se vuelven más difíciles y donde el corazón empieza a desgastarse.

Y en medio de todo eso, puede surgir una sensación equivocada: que Dios está lejos.


Pero la Escritura es clara: no hay lugar donde su presencia no esté.


El problema no es la ausencia de Dios… sino la desconexión del corazón que intenta resistir sin depender de Él.


Dios permanece firme, constante, cercano… incluso cuando el hombre se cierra, se endurece o se aísla en su proceso.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Has pasado por momentos donde sentiste que Dios estaba lejos?

  • ¿Qué has hecho cuando ya no sabes cómo seguir?

  • ¿Te has permitido hablar con Dios con honestidad, sin máscaras?

  • ¿Qué pasaría si dejaras de intentar ser fuerte y simplemente fueras sincero delante de Él?


Enseñanza de hoy

Dios no se ha ido… el corazón solo necesita volver a acercarse.



Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe en lo que estás viviendo hoy. Si el camino se ha vuelto pesado, recuerda que no estás caminando solo, aunque en algunos momentos así lo parezca. Dios sigue presente, sosteniendo, guiando y obrando aun en lo que no alcanzas a entender.

Permanece firme, no desde tu fuerza, sino desde tu dependencia en Él.

Nos leemos en el siguiente devocional.


Síguenos en Facebook
Síguenos en Facebook
Síguenos en Instagram
Síguenos en Instagram

Comentarios


bottom of page