top of page

Cuida lo que dices

25 oct
3 min de lectura

A veces hablamos de los demás sin pensar en el daño que nuestras palabras pueden causar. Una crítica, un rumor o un comentario malintencionado pueden destruir la confianza y provocar divisiones entre familiares, amigos y hermanos en la fe. Incluso podemos acostumbrarnos tanto a estas conversaciones que dejamos de reconocerlas como algo incorrecto. Santiago nos advierte claramente que no debemos murmurar unos de otros. Hablar mal de alguien cuando no está presente no hace que nuestras palabras sean menos graves delante de Dios.


La murmuración comienza muchas veces con una conversación aparentemente inofensiva. Escuchamos algo sobre otra persona, agregamos nuestra opinión y terminamos compartiendo información que quizá ni siquiera conocemos completamente. Algunas personas justifican estas acciones diciendo que solamente están comentando lo sucedido. Sin embargo, debemos recordar que nuestras palabras pueden afectar profundamente la reputación y la tranquilidad de los demás. Que algo sea cierto no significa que siempre tengamos derecho a divulgarlo, especialmente cuando nuestra intención es avergonzar o desprestigiar.


Santiago también nos recuerda que solamente Dios es el Dador de la ley y el Juez supremo. Esto no significa que debamos ignorar el pecado o permanecer callados ante una injusticia. Existen situaciones que necesitan ser confrontadas con verdad, amor y responsabilidad. Pero una cosa es corregir para ayudar y otra muy diferente es hablar para destruir. Antes de señalar los errores ajenos, necesitamos examinar nuestras propias actitudes y reconocer que también dependemos de la misericordia del Señor. La madurez espiritual se demuestra cuando aprendemos a hablar con humildad, prudencia y respeto.


También debemos cuidar las conversaciones que permitimos a nuestro alrededor. Podemos convertirnos en participantes de la murmuración cuando disfrutamos escuchar rumores o alentamos a otros a continuar criticando. Una persona sabia no necesita conocer todos los asuntos privados de los demás ni participar en cada conversación. Hay momentos en los que guardar silencio es una muestra de amor y otros en los que debemos intervenir para detener una injusticia. Dios nos ha dado la capacidad de hablar para comunicar verdad, consolar, corregir y edificar, no para convertir las debilidades de otras personas en motivo de entretenimiento.


Reflexión

Nuestras palabras pueden sanar heridas o hacerlas más profundas.

Podemos aparentar amabilidad frente a alguien y después destruir su reputación cuando se ha marchado.

La integridad cristiana también se demuestra en aquellas conversaciones donde la persona de quien hablamos no está presente.


Antes de hablar de los errores de alguien, recuerda que tú también necesitas diariamente la paciencia y la misericordia de Dios.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Has participado recientemente en conversaciones donde se criticó o desacreditó a alguien que no estaba presente?

  • ¿Acostumbras compartir información sobre otras personas sin considerar si es verdadera, necesaria o prudente?

  • ¿Utilizas tus palabras para ayudar y edificar o para señalar constantemente los errores de los demás?

  • ¿Qué necesitas cambiar para que tus conversaciones reflejen mejor el amor y la humildad de Jesucristo?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


Haz clic en la imagen si deseas saber cómo ser salvo y cómo puedes ir al cielo.
cómo puedo ir al cielo

facebook tesoros en el cielo
instagram tesoros en el cielo
youtube tesoros en el cielo
spotify tesoros en el cielo
spotify kids tesoros en el cielo

 
 
 

Comentarios


bottom of page