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Una luz que invita: Compartiendo a Cristo con otros

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 20 ago 2025
  • 4 Min. de lectura

Lectura bíblica: Mateo 5:16


Camilo era un niño muy entusiasta y le gustaba participar en la iglesia. Desde temprano, los domingos se levantaba con alegría, se ponía su mejor ropa y esperaba con ansias escuchar los cantos, los juegos y las historias bíblicas. Cuando todos los niños cantaban juntos, él levantaba sus manos con gozo, y cuando llegaba la hora de escuchar la Palabra, prestaba mucha atención. Era feliz de estar en la casa de Dios.


Pero un día, mientras jugaba en la banqueta de su vecindario, miró a varios de sus amigos corriendo detrás de un balón, riendo a carcajadas. Camilo los observó un momento en silencio y pensó con tristeza:


—Ellos nunca han escuchado lo que yo escucho en la iglesia. No saben que Dios los ama.


Ese pensamiento le pesó en el corazón durante toda la tarde.


Esa noche, antes de dormir, volvió a pensar en ellos: Mientras yo canto, escucho historias de la Biblia y aprendo a orar, ellos no tienen idea de que Jesús dio su vida por ellos. ¿Será que algún día lo sabrán?.


La idea no desapareció fácilmente. Toda la semana, mientras iba a la escuela y mientras ayudaba a su mamá en casa, recordaba a sus amigos. Se preguntaba una y otra vez si debería hablarles de la iglesia, pero también sentía miedo. Pensaba:


¿Y si se burlan de mí? ¿Y si dicen que eso es aburrido? ¿Y si ya no quieren jugar conmigo?.


Un miércoles por la tarde, en la reunión de niños, el maestro de escuela dominical habló sobre la importancia de compartir el evangelio. Con voz firme, pero llena de ternura, dijo:


—Un verdadero amigo no solo comparte juegos y risas; comparte lo más valioso que tiene: el amor de Jesús.


Esas palabras tocaron profundamente el corazón de Camilo. Se dio cuenta de que si de verdad amaba a sus amigos, debía darles la oportunidad de conocer a Cristo. Esa noche, mientras oraba antes de dormir, le dijo al Señor:


—Dios, dame valor. Quiero que mis amigos también te conozcan. En el nombre de Jesús, Amén.


Con ese pensamiento en el corazón, Camilo se levantó decidido al día siguiente. Al verlos jugar, respiró hondo y, con algo de nervios, se acercó y les dijo:


—Oigan, el domingo habrá juegos, cantos y una historia muy bonita en mi iglesia. ¿Quieren venir conmigo?


Al principio hubo risas, algunos dijeron que no y otros hicieron bromas. Pero uno de sus amigos, Daniel, guardó silencio un momento y luego respondió:


—Está bien… voy a ir, pero solo porque tú me invitas.


El corazón de Camilo se llenó de alegría. Ese domingo, Daniel llegó con un poco de timidez, mirando a todos lados como si no supiera qué esperar. Pero pronto vio a los niños cantar con entusiasmo, escuchó a los maestros darle la bienvenida con una sonrisa y participó en los juegos. Cuando llegó el momento de la enseñanza, el maestro contó la historia de cómo Jesús dio su vida en la cruz por nuestros pecados, y cómo resucitó para darnos vida eterna.


Daniel escuchó con atención cada palabra. Había algo diferente en ese lugar. Algo que lo hacía sentir paz y al mismo tiempo un calor especial en su corazón. No entendía del todo lo que pasaba, pero sabía que no era lo mismo que vivir solo para jugar y correr. Había encontrado algo nuevo.


Al terminar la reunión, se acercó a Camilo con una sonrisa tímida y le dijo:


—Gracias por invitarme. Nunca me habían hablado de Jesús de esta manera. Me gustó mucho… quiero volver la próxima semana.


El rostro de Camilo se iluminó de gozo.


En ese momento comprendió que la obediencia a Dios no solo significa leer la Biblia y orar, sino también compartir con otros la oportunidad de escuchar de Cristo. Descubrió que una invitación sencilla puede ser usada por Dios para tocar un corazón y cambiar una vida.


Desde ese día, Camilo oró constantemente por sus amigos, y entendió que cada cristiano es como una lámpara que debe brillar, porque alguien necesita esa luz.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: Invitar a otros a la iglesia es compartir el amor de Jesús.


  • ¿Has compartido con tus amigos o familiares lo que aprendes en la iglesia?

  • ¿A quién podrías invitar esta semana para que conozca de Jesús?

  • ¿Estás dejando que tu luz brille o la estás escondiendo por temor?


Compartir el amor de Jesús es el mejor regalo que podemos dar. No basta con disfrutar de los cantos, las historias bíblicas y la alegría de la iglesia para nosotros solos; un corazón agradecido desea que otros también lo experimenten. Cuando invitamos a un amigo o familiar a la iglesia, les estamos abriendo una puerta para que conozcan al Salvador que cambia vidas. Dios nos llama a ser luz y a no esconder lo que hemos recibido. Cada invitación puede ser la oportunidad que alguien necesita para escuchar del amor de Cristo y comenzar una nueva vida con Él.


Recuerda que:

  • Invitar es amar: cuando invitas a alguien a la iglesia, le estás mostrando que te importa su vida eterna.

  • No tengas miedo: a veces pensamos que se van a burlar, pero recuerda que la salvación de una persona puede comenzar con una simple invitación.

  • Sé constante: aunque te digan que no, sigue mostrando amor y sigue invitando. La semilla quedará en su corazón.

  • Tu testimonio habla: más que tus palabras, tu ejemplo de amor y gratitud a Dios puede ser lo que motive a otros a aceptar tu invitación.


Versículo clave: Mateo 5:16

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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(Proverbios 22:6)

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