Un corazón generoso agrada a Dios
- Tesoros en el cielo

- 21 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Hebreos 13:16
Mateo era un niño al que nunca le faltaba nada. Tenía ropa limpia, una mochila nueva para la escuela y juguetes con los que pasaba horas jugando. Cada vez que su papá recibía su salario, siempre había comida en la mesa y hasta un pequeño antojo en la alacena. Mateo estaba agradecido con Dios por lo que tenía, pero había algo que no entendía del todo:
¿qué significaba realmente compartir?
Un día, al regresar de la escuela, se encontró con su vecino Luis. Sus zapatos estaban rotos, sus cuadernos estaban muy gastados y llevaba una mochila vieja. Mateo lo miró y pensó:
—Yo tengo dos mochilas… ¿de verdad necesito las dos?
Ese pensamiento se quedó en su corazón durante toda la tarde. Cuando llegó la noche y se preparaba para dormir, recordó las palabras que había escuchado en la escuela dominical:
—A Dios le agrada cuando compartimos con otros lo que tenemos, porque eso refleja el amor de Jesús.
Pero enseguida apareció la duda:
—¿Y si después yo la necesito? ¿Y si me arrepiento de darla?
El domingo siguiente, en su clase bíblica, el maestro abrió la Biblia y leyó:
Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13:16).
Luego explicó:
—Compartir no es perder, es ganar. Cuando damos lo que tenemos, no solo ayudamos a alguien, también demostramos que confiamos en que Dios seguirá proveyendo.
Esas palabras tocaron el corazón de Mateo. Esa misma tarde decidió hablar con su mamá y le dijo:
—Quiero regalarle a Luis mi mochila azul. Yo casi no la uso, y sé que él la necesita.
Su mamá lo miró con ternura y respondió:
—Hijo, eso es un acto de amor. Recuerda que cuando compartimos, estamos siendo como Jesús, que lo dio todo por nosotros.
Al día siguiente, Mateo buscó a Luis en la entrada de la escuela y le entregó la mochila con una gran sonrisa. Luis la recibió sorprendido y, con lágrimas en los ojos, le dijo:
—Gracias, Mateo. Nadie había pensado en mí de esta manera.
El corazón de Mateo se llenó de alegría. Descubrió que había un gozo más grande que estrenar cosas nuevas: el gozo de compartir.
Desde ese día, comenzó a separar ropa que ya no usaba, juguetes que tenía guardados y hasta parte de su lonche para compartir con quienes no tenían. Entendió que todo lo que Dios nos da no es solo para nosotros, sino para bendecir a otros.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Compartir con otros lo que tenemos alegra a Dios y muestra el amor de Jesús.
¿Tienes ropa, juguetes o útiles que ya no usas y que podrías regalar a alguien que lo necesita?
¿Te cuesta desprenderte de tus cosas o entiendes que Dios quiere que seas generoso?
¿Qué sentirías si hoy pudieras darle alegría a alguien al compartir parte de lo que tienes?
Dios nos llama a compartir lo que tenemos —ropa, comida, juguetes o dinero— con quienes lo necesitan. Cuando damos con alegría, no perdemos, sino que mostramos el amor de Jesús en acción. Estos actos de generosidad son sacrificios que agradan a Dios y pueden llenar de esperanza y gozo a otras personas.
Recuerda que:
Compartir es amar: lo que das con amor se convierte en un regalo eterno.
Dios se agrada del que da: tu generosidad es un sacrificio que honra a Dios.
Dar no empobrece: al contrario, te llena de gozo y fortalece tu fe.
Jesús es el mayor ejemplo: Él entregó su vida para salvarnos, y nos invita a vivir con un corazón dispuesto a dar.
Versículo clave: Hebreos 13:16
Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
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