Un amigo que anima
- Tesoros en el cielo

- 2 oct 2025
- 4 Min. de lectura
Lectura bíblica: Hebreos 10:24-25
Sofía era una niña muy alegre y le encantaba ir a la iglesia. Cada domingo se levantaba temprano, preparaba su Biblia, su libreta de notas y cantaba en voz alta mientras se vestía. Le gustaba aprender historias bíblicas, cantar alabanzas y ver a sus amigos en la clase infantil.
Pero un domingo, cuando llegó al templo, notó algo diferente. Su mejor amiga, Laura, no estaba. Pensó que tal vez había faltado solo esa vez, pero la siguiente semana tampoco vino… ni la siguiente. Pasaron los días, y Sofía comenzó a preocuparse.
En la clase, la maestra dijo:
—Niños, recuerden que si algún amigo no viene, podemos orar por él y animarlo a regresar.
Sofía levantó la mano y dijo con voz bajita:
—Mi amiga Laura ya no viene. Antes estaba feliz en la iglesia, pero hace tiempo que no la veo.
La maestra sonrió y respondió:
—Entonces Dios te está poniendo en el corazón una misión: animarla con amor, igual que Jesús nos anima a nosotros.
Esa tarde, Sofía decidió escribirle un mensaje:
Hola, Lau 💛, te extraño mucho en la iglesia. Ya no es igual sin ti. Espero que estés bien. Dios te ama mucho y quiere verte otra vez adorándolo. Si necesitas hablar, aquí estoy.
Después de enviar el mensaje, Sofía oró con sinceridad:
—Señor Jesús, si Laura está triste o pasando por algo difícil, tócale el corazón y ayúdame a ser una buena amiga para ella. En el nombre de Jesús, Amén.
Al día siguiente, Laura respondió:
Gracias, Sofía. No he ido porque me siento mal… mis papás discuten mucho y ya no tengo ganas de nada.
Sofía sintió tristeza al leer eso, pero también compasión. En lugar de solo decir “qué pena”, decidió actuar. La llamó, la escuchó y le dijo:
—Laura, no estás sola. Jesús te ama y quiere sanarte por dentro. Ven el domingo conmigo, cantemos juntas y deja que Dios te abrace otra vez.
El domingo siguiente, Sofía esperó ansiosa en la puerta del templo. Cuando vio que Laura llegaba tomada de la mano de su mamá, corrió a abrazarla.
—¡Sabía que ibas a venir! —dijo con una sonrisa enorme.
Durante la alabanza, Laura cerró los ojos y lloró. Sentía como si Dios la estuviera abrazando a través del amor de su amiga. Ese día, las dos oraron juntas, y Laura volvió a sentir paz en su corazón.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
"Dios me enseñó que animar a otros también es servirle. No hace falta ser pastor o maestra para ayudar; basta con tener un corazón dispuesto."
Pasaron las semanas, y Laura volvió a participar en la iglesia con alegría. Las dos se hicieron inseparables y prometieron orar siempre la una por la otra.
Con el tiempo, cuando otro niño dejó de asistir, Sofía fue la primera en escribirle. Había aprendido que los amigos que animan son instrumentos del amor de Dios.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Dios se alegra cuando animamos a otros a volver a Él.
¿Conoces a alguien que dejó de ir a la iglesia o al club bíblico?
¿Qué podrías hacer esta semana para animarlo con amor?
¿Sabías que Dios puede usarte para traer a alguien de regreso a su presencia?
Animar a otros cuando se alejan de la iglesia es una de las formas más hermosas de mostrar el amor de Dios. A veces las personas dejan de asistir porque se sienten tristes, solas o piensan que nadie las extraña. Pero Dios nos enseña que todos somos parte de una gran familia espiritual, y cuando uno se aleja, el corazón de Dios también se entristece.
Ser un buen amigo no solo significa jugar o reír juntos, sino también preocuparse por el alma de los demás. Cuando buscas a alguien que ha dejado de ir, cuando le dices “te extraño” o “Dios te ama”, estás siendo una luz que guía de nuevo el camino hacia Jesús. Tus palabras pueden convertirse en esperanza para un corazón cansado y en consuelo para quien ha olvidado cuánto lo ama Dios.
Jesús nos enseñó a cuidar de las ovejas que se pierden, y cuando ayudamos a alguien a regresar a la iglesia, estamos haciendo exactamente eso: estamos siendo pastores de amor, reflejando el corazón del Buen Pastor. A veces no sabemos cuánto puede cambiar una vida con un simple gesto, una oración o un mensaje de aliento.
Dios se alegra cuando ve que sus hijos se animan unos a otros, porque así crecemos juntos en la fe. Recuerda siempre: cuando ayudas a un amigo a regresar a la casa de Dios, también estás fortaleciendo tu propia fe.
Versículo clave: Hebreos 10:24-25
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
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