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Todo tiene su tiempo

1 oct
2 min de lectura


La vida no permanece siempre en la misma temporada. Hay momentos para comenzar y otros para terminar; temporadas de crecimiento y otras de espera; días de alegría y días en los que necesitamos llorar. Eclesiastés no presenta una vida donde todo sucede como queremos, sino una realidad marcada por cambios que muchas veces no podemos controlar. Parte de nuestra frustración aparece cuando queremos permanecer en una etapa que ya terminó o adelantarnos desesperadamente hacia otra que todavía no ha llegado.


Aceptar los tiempos de la vida no significa vivir pasivamente ni pensar que cada acontecimiento sucede exactamente como Dios desea moralmente. Vivimos en un mundo quebrantado donde también existen pérdidas, pecado y decisiones humanas dolorosas. Sin embargo, ninguna temporada coloca nuestra vida fuera del alcance de Dios. Podemos buscarlo cuando estamos edificando y cuando algo parece derrumbarse, cuando reímos y cuando lloramos. Dios no deja de ser Dios cuando cambia nuestra temporada.


También necesitamos evitar compararnos. Mientras alguien está recogiendo, quizá tú apenas estás sembrando. Mientras otra persona celebra una respuesta, tú todavía estás esperando. Ver el tiempo de alguien más puede hacernos pensar que estamos atrasados, pero cada vida tiene procesos diferentes. En lugar de vivir preguntando constantemente “¿por qué todavía no?”, podemos preguntarle a Dios: “¿Qué quieres formar en mí mientras estoy aquí?” Algunas temporadas no pueden acelerarse; necesitan ser atravesadas con fe, paciencia y obediencia.


Quizá hoy estás viviendo un tiempo que quisieras terminar inmediatamente. O quizá estás intentando retener algo que sabes que está cambiando. No necesitas comprender cada etapa para caminar con Dios dentro de ella. Haz aquello que corresponde hoy, agradece lo que todavía tienes, suelta lo que debas soltar y espera sin abandonar tu fe. La temporada presente no será necesariamente la historia completa de tu vida. Hay tiempo para llorar, pero también hay tiempo para reír; hay momentos para despedirse y también habrá momentos para comenzar nuevamente.


Reflexión

Una temporada difícil puede hacernos pensar que nuestra vida siempre será así. Eclesiastés nos recuerda que la vida cambia y que existen tiempos diferentes.

No apresures desesperadamente lo que todavía necesita proceso, ni permanezcas aferrado a aquello cuyo tiempo terminó. Aprende a caminar con Dios también entre una temporada y la siguiente.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Qué temporada estás viviendo actualmente?

  • ¿Estás intentando apresurar algo cuyo tiempo todavía no ha llegado?

  • ¿Te estás comparando con alguien que está viviendo una etapa diferente a la tuya?

  • ¿Qué puede Dios estar formando en tu corazón durante este tiempo?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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