Servir a Dios con alegría
- Tesoros en el cielo

- 30 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Mateo 20:28 y Colosenses 3:23-24
Andrés era un niño que amaba ir a la iglesia con su familia. Le gustaba escuchar las historias bíblicas, cantar con los demás niños y ver cómo todos trabajaban para que el culto saliera bonito. Pero él, la mayoría de las veces, solo observaba.
Un sábado por la tarde, el pastor invitó a todos a colaborar en la limpieza de la iglesia porque el domingo habría un servicio especial. Andrés escuchó el anuncio, pero pensó:
—Seguro los adultos se encargarán de todo. Yo soy solo un niño.
Al llegar a casa, su mamá le preguntó:
—Andrés, ¿Mañana nos ayudaras con la limpieza de la iglesia?
—No sé… —respondió encogiéndose de hombros —Yo no sé hacer muchas cosas.
Su mamá lo miró con ternura y le dijo:
—Hijo, servir a Dios no depende de la edad ni de lo grande que parezca tu ayuda. Jesús mismo dijo en Mateo 20:28 que “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir”. Cada pequeña acción cuenta para Dios.
Esas palabras se quedaron en su corazón. A la mañana siguiente, Andrés decidió ir. Al llegar, vio a algunos hermanos pintando una pared, otros trapeando el piso, y hasta los niños más pequeños ayudaban a repartir botellas de agua a los adultos.
—¿Puedo hacer algo? —preguntó Andrés al líder de jóvenes.
—¡Claro! —respondió con alegría—. Ayúdanos a limpiar los bancos.
Al principio, Andrés sintió que era un trabajo simple y aburrido. Pero mientras pasaba el trapo, escuchó cómo su mamá y otros hermanos cantaban alabanzas mientras trabajaban.
De pronto, su corazón se llenó de alegría. Sintió que lo que estaba haciendo era para Dios, no solo para las personas.
Cuando terminaron, la iglesia se veía hermosa: todo limpio, ordenado y con un aroma fresco. El pastor se acercó a todos los que habían ayudado y dijo:
—Gracias por su servicio. Recuerden que en Colosenses 3:23-24 la Biblia nos enseña: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa”.
Esa noche, Andrés pensó en todo lo que había vivido. Recordó que al principio dudaba de ayudar, pero al final sintió una felicidad que nunca había experimentado jugando videojuegos ni viendo televisión. Descubrió que servir a Dios nos llena el corazón de gozo, porque cuando servimos, participamos en la obra de Cristo.
Desde entonces, Andrés buscó siempre cómo servir:
Repartía los himnarios antes de los cultos.
Saludaba a los visitantes con una sonrisa.
Ayudaba a recoger la basura al final de los servicios.
Un día, el pastor le dijo:
—Andrés, Dios se agrada de tu corazón dispuesto. A veces, los actos que parecen pequeños son los que tienen un gran valor en el cielo.
Andrés sonrió, entendiendo que servir en la iglesia era mucho más que ayudar: era amar a Dios con acciones.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Servir en la iglesia es amar a Dios con acciones.
¿Qué oportunidades tienes esta semana para servir en tu iglesia? ¿Estás dispuesto a ofrecer tu tiempo y esfuerzo como un regalo para Dios?
Servir en la iglesia es un privilegio que nos permite mostrar nuestro amor a Dios y a los demás. No importa si lo que hacemos es pequeño; cuando servimos de corazón, el Señor lo ve y lo recompensa.
Mateo 20:28
Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Colosenses 3:23-24
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.
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