Respetar a tus padres: una decisión que trae bendición
- Tesoros en el cielo

- 24 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Efesios 6:1-2
Daniel era un niño alegre, pero últimamente había empezado a contestar mal a sus padres. Una tarde, su papá le pidió que apagara el videojuego para que se sentara a cenar con la familia. Daniel, molesto, gritó:
—¡Ya te dije que en un rato! ¡No me estés molestando!
El silencio en la mesa fue doloroso. Su mamá lo miró con tristeza, y su papá guardó silencio, pero en su rostro se notaba la decepción. Esa noche, mientras Daniel se acostaba, no podía dejar de pensar en cómo había hablado. Algo en su corazón le decía que no estaba bien.
Pasaron los días y las actitudes de Daniel empeoraron. Respondía con impaciencia, se enojaba cuando le pedían ayuda y a veces se encerraba en su cuarto de mal humor. Poco a poco, en lugar de alegría, había tensión en su casa.
El fracaso llegó una mañana cuando su mamá, cansada de sus respuestas, le dijo con lágrimas en los ojos:
—Hijo, ¿por qué nos tratas así? ¿Acaso no sabes que lo único que queremos es tu bien?
Daniel se quedó en silencio. Sintió vergüenza, pero no contestó. Esa tarde, en la iglesia, escuchó un versículo que le atravesó el corazón: Efesios 6:1-2 —“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.”
Al escucharlo, sintió que Dios le estaba hablando directamente. Entendió que cada vez que respondía con gritos o desprecio, no solo estaba deshonrando a sus padres, también estaba desobedeciendo al Señor.
Esa noche, antes de dormir, oró por primera vez con sinceridad:
—Señor, ayúdame a cambiar. No quiero lastimar más a mis papás. Enséñame a respetarlos. En el nombre de Jesús, Amén.
Al día siguiente, cuando su papá le pidió que sacara la basura, Daniel estuvo a punto de responder con enojo, pero recordó su oración. En lugar de gritar, dijo:
—Sí, papá, ya voy.
Su papá lo miró sorprendido y sonrió. Fue un pequeño gesto, pero un gran paso. Poco a poco, Daniel comenzó a cambiar. Empezó a escuchar antes de contestar, a agradecer cuando sus padres le daban consejos y a obedecer con mejor actitud.
El cambio no fue de un día para otro, pero cada vez que quería responder mal, recordaba el versículo y pensaba: “Quiero obedecer a Dios, y para hacerlo debo respetar a mis padres.”
Con el tiempo, la paz volvió a su hogar. Sus padres se sentían felices, y un día su mamá lo abrazó y le dijo:
—Hijo, gracias por esforzarte en respetarnos. Eso nos alegra mucho.
Daniel sonrió con lágrimas en los ojos. Entendió que respetar a sus padres no solo mejoraba la relación en casa, sino que también atraía la bendición de Dios a su vida.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Respetar a tus padres agrada a Dios y trae bendición.
¿Cómo respondes cuando tus padres te piden algo?
¿Qué sucede en casa cuando hay gritos o contestaciones feas?
¿Qué decisión puedes tomar hoy para demostrar respeto y amor a tus padres?
La falta de respeto hacia los padres nunca trae nada bueno, solo dolor, tristeza y distancia en la familia, como le pasó a Daniel cuando contestó con gritos y enojo. Pero cuando un hijo decide obedecer y honrar a sus padres, no solo mejora la relación en el hogar, también demuestra obediencia a Dios, porque respetar a los padres es un mandamiento del Señor.
Al respetarlos, aprendemos humildad, disciplina y gratitud; y al honrarlos, recibimos la promesa de una vida bendecida y plena. Respetar a los padres no es simplemente portarse bien, es sembrar en el corazón una semilla de obediencia que dará frutos de paz, alegría y bendición para toda la vida.
Versículo clave: Efesios 6:1-2
Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.
Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.
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