Respetar a otros: Un corazón que agrada a Dios
- Tesoros en el cielo

- 26 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Romanos 12:10
Marcos era un niño alegre y lleno de energía. Le encantaba correr por el patio, jugar al fútbol con sus amigos y reír a carcajadas cuando lograba anotar un gol. Tenía muchos amigos en la escuela porque siempre estaba dispuesto a compartir sus juguetes y a inventar juegos nuevos.
Pero había algo que su mamá siempre le recordaba cada mañana antes de ir a clases:
—Hijo, lo más importante no es ganar ni ser el mejor, sino respetar a los demás, porque todos son valiosos delante de Dios.
Marcos escuchaba esas palabras, aunque a veces las olvidaba cuando estaba muy emocionado jugando.
Un día, durante el recreo, el patio estaba lleno de niños corriendo de un lado a otro. Marcos estaba concentrado tratando de anotar un gol cuando un compañero más pequeño, que apenas estaba aprendiendo a jugar, se tropezó y lo empujó sin querer. Marcos casi cayó al suelo.
En ese instante sintió enojo en su corazón y estuvo a punto de gritarle:
—¡Mira por dónde vas!
Pero justo recordó las palabras de su mamá y lo que había escuchado en la iglesia el domingo anterior: Si respeto a los demás, estoy obedeciendo a Dios.
Respiró profundo, miró al niño y en lugar de enojarse, le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Con una sonrisa le dijo:
—No pasa nada, ¿quieres seguir jugando conmigo?
El pequeño abrió los ojos sorprendido y sonrió feliz. —¡Sí! —respondió entusiasmado.
Así comenzaron a jugar juntos, y los demás niños que estaban mirando se dieron cuenta de que el respeto puede cambiar un momento de enojo en una oportunidad para hacer un nuevo amigo.
Más tarde, cuando Marcos llegó a casa, corrió hacia su papá para contarle lo sucedido.
Su papá lo escuchó con atención y le dijo con una voz llena de cariño:
—Hijo, cuando respetamos a otros, estamos mostrando el amor de Cristo. Dios se agrada cuando tratamos con paciencia y cariño a quienes nos rodean, sin importar si son grandes o pequeños.
Esa noche, después de cenar, la familia se reunió en la sala. Apagaron la televisión, se tomaron de las manos y oraron juntos. Marcos agradeció a Dios por enseñarle a respetar y pidió ayuda para siempre tratar con amor a sus compañeros, maestros y familiares.
Fue un momento sencillo, pero poderoso. Marcos entendió que el respeto comienza en casa, pero debe extenderse a cada persona que Dios pone en nuestro camino. Aprendió que un corazón respetuoso refleja la luz de Jesús y hace que otros también quieran conocerlo.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Respetar a todos es obedecer a Dios.
¿Cómo puedes mostrar respeto en tu casa?
¿De qué manera puedes respetar a tus amigos en la escuela o en los juegos?
¿Qué harías para demostrar respeto a alguien que te trata mal?
¿Has dado gracias a Dios por las personas que puso en tu vida?
Dios nos manda a respetar a todas las personas, no solo a nuestros papás, sino también a nuestros amigos, maestros, vecinos y aún a aquellos con los que no siempre estamos de acuerdo. El respeto nace de reconocer que cada persona fue creada por Dios y tiene un valor especial delante de Él. Cuando tratamos a otros con honra, paciencia y amabilidad, estamos mostrando que el amor de Cristo vive en nosotros. Respetar significa escuchar con atención, ayudar con disposición y actuar con bondad, incluso cuando no recibimos lo mismo de vuelta. Así, cada acto de respeto se convierte en una forma de obediencia a Dios y en una luz que refleja su amor al mundo.
Versículo clave: Romanos 12:10
Amándoos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.
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