Pedir perdón no te hace débil
Mateo capítulo 5 versículos 23 y 24, dice:
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (RVR1960)
A veces sabemos que hicimos algo malo, pero cuando llega el momento de pedir perdón comenzamos a justificarnos: “Sí, pero él empezó”, “yo lo hice porque ella me hizo enojar” o “no fue solamente mi culpa”. Jesús nos enseña la importancia de buscar la reconciliación. Reconocer nuestra parte del problema no nos hace débiles; demuestra humildad y valor para hacer lo correcto.
Una tarde, dos hermanos estaban jugando cuando comenzaron a discutir.
El hermano mayor se enojó y lanzó al suelo el juguete de su hermana, rompiéndolo.
Cuando su mamá preguntó qué había sucedido, inmediatamente respondió:
—¡Pero ella me estaba molestando!
Su mamá le dijo:
—Quizá ella también hizo algo incorrecto, pero ahora quiero preguntarte por lo que tú hiciste. ¿Estuvo bien romper su juguete?
El niño bajó la mirada.
—No.
Por unos segundos quiso seguir explicando todo lo que su hermana había hecho, pero comprendió que ninguna explicación cambiaría su propia responsabilidad.
Se acercó a ella y dijo:
—Perdóname. Me enojé y rompí tu juguete. Estuvo mal. Yo tuve la culpa de hacer eso.
Su hermana también reconoció que había estado molestándolo y le pidió perdón.
Entonces ambos comenzaron a pensar cómo podían reparar el juguete.
El niño descubrió que decir “yo tuve la culpa” no lo había hecho más pequeño. Al contrario, había necesitado más valor para reconocer su error que para continuar justificándolo.
Es parecido a una ventana sucia. Podemos señalar todas las manchas que hay en las ventanas de los demás, pero eso no limpiará la nuestra. Primero debemos reconocer aquello que nosotros necesitamos corregir.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy:
Cuando hagas algo malo, no intentes esconder tu responsabilidad detrás de los errores de otra persona. Aunque alguien también haya actuado mal, tú puedes reconocer tu parte, pedir perdón y procurar reparar el daño que causaste.
¿Qué hizo el niño cuando se enojó?
¿Cómo intentó justificarse al principio?
¿Qué reconoció finalmente delante de su hermana?
¿Por qué pedir perdón requiere valor?
Reflexión: Pedir perdón no significa que eres débil. La humildad comienza cuando dejamos de decir “pero tú también” y somos capaces de decir: “Yo hice mal. Perdóname”.
🎯 Reto de hoy:
Si sabes que lastimaste a alguien, no esperes a que esa persona se disculpe primero. Acércate y reconoce tu parte sin justificarte:
“Lo que hice estuvo mal. Perdóname.”
Versículo clave: Mateo 5: 23-24
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (RVR1960)
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