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Orando por quien está enfermo

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 26 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Lectura bíblica: Santiago 5:15-16


Lucía era una niña muy alegre. Le gustaba jugar con su primo Andrés cada tarde después de la escuela. Siempre reían, corrían en el jardín y soñaban con hacer muchas cosas juntos. Pero un día todo cambió. Andrés comenzó a sentirse muy cansado, perdió el apetito y ya no quería salir a jugar.


Después de varias visitas al médico, sus papás recibieron una noticia que los dejó en silencio: Andrés tenía cáncer. Lucía no entendía mucho al principio, solo sabía que su primo ya no podía ir a la escuela, pasaba mucho tiempo en el hospital y se veía más delgado cada día.


—¿Por qué le pasa esto a él? —preguntaba Lucía con lágrimas en los ojos.


Su mamá la abrazó y le dijo:


—No lo sabemos, hija, pero hay algo que sí podemos hacer: orar.


Lucía pensó que orar era algo pequeño comparado con lo que Andrés necesitaba, pero decidió hacerlo. Esa noche se arrodilló junto a su cama y con su voz temblorosa oró:


—Señor, tú puedes hacer cosas grandes. Te pido que sanes a mi primo Andrés. Cuídalo, no dejes que sienta miedo y dale fuerzas cada día. En el nombre de Jesús, Amén.


Los días pasaban y Lucía no dejaba de orar. Cada mañana pedía a Dios por él, y en la escuela contaba a sus amigos lo que estaba haciendo. Algunos también comenzaron a orar por Andrés. Aunque su primo seguía en tratamiento, algo hermoso empezó a ocurrir: su corazón se llenó de esperanza.


Cuando Lucía lo visitaba en el hospital, ya no lo veía tan triste. Andrés sonreía más y decía cosas como:


—Aunque estoy enfermo, siento que Dios está conmigo.


Un día, mientras Lucía lo visitaba, él le tomó la mano y le dijo:


—Gracias por orar por mí. A veces me siento cansado, pero cuando pienso en Dios y en las personas que oran por mí, siento paz.


Lucía sintió un nudo en la garganta. En ese momento comprendió que la oración no solo sirve para pedir que alguien se cure, sino también para que esa persona reciba fuerzas, paz y fe.


Con el paso del tiempo, Andrés tuvo días buenos y días difíciles, pero la fe de toda la familia creció. En las noches, Lucía seguía orando, no solo por él, sino también por otros niños enfermos que veía en el hospital. A veces llevaba dibujos con versículos y los regalaba para animarlos.


Una tarde, mientras estaba en la iglesia, escuchó al pastor decir:


—Cuando oramos por los demás, mostramos el amor de Dios. A veces Él sana el cuerpo, pero siempre sana el corazón.


Lucía sonrió. Entendió que Dios siempre escucha, incluso cuando la respuesta tarda en llegar. Aprendió que orar no es algo pequeño; es hablar con el Dios grande que puede hacer milagros, pero también darnos fuerza cuando el milagro aún no llega.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: Orar por los enfermos es amar con fe; Dios escucha y da fuerzas.


  • ¿Tienes algún amigo o familiar que esté enfermo?

  • ¿Has orado por él o por su familia?

  • ¿Qué puedes hacer para animar a alguien que está pasando por una enfermedad?


Orar por un amigo o familiar enfermo es una de las muestras más grandes de amor que podemos darle a alguien. Cuando oramos, le estamos diciendo a Dios: “Confío en Ti, aunque no entienda lo que está pasando.” A veces, el Señor responde sanando el cuerpo, y otras veces fortalece el corazón de quien está sufriendo para que no pierda la fe. En ambos casos, Dios siempre obra, porque nunca ignora una oración sincera.


Dios usa nuestras oraciones como puentes de esperanza. Cuando alguien enfermo escucha que estás orando por él, siente consuelo, paz y fuerzas para seguir adelante. La oración no solo ayuda al enfermo, también cambia nuestro propio corazón: nos enseña a ser compasivos, pacientes y a depender más de Dios.


Así como Lucía oró por su primo Andrés sin perder la esperanza, nosotros también debemos orar por quienes están pasando por enfermedades difíciles como el cáncer. Quizás no siempre veamos el milagro de inmediato, pero cada oración llega al cielo y mueve la mano de Dios. Él es fiel y siempre responde en su tiempo perfecto.


Orar no es algo pequeño: es una gran muestra de fe. Cuando oramos, le decimos al Señor que creemos en su poder, en su amor y en su plan, incluso cuando no lo entendemos. Por eso, nunca dejes de orar por los que sufren; porque cada vez que hablas con Dios, estás sembrando consuelo, esperanza y vida en los corazones que más lo necesitan.


Versículo clave: Santiago 5:16

La oración eficaz del justo puede mucho.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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