Obedecer a tus maestros agrada a Dios
- Tesoros en el cielo

- 9 oct 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Romanos 13:1
Luciano era un niño muy listo y creativo, pero también era un poco rebelde. Le gustaba hacer bromas, hablar en clase y a veces se burlaba de los maestros cuando pensaba que nadie lo veía. En casa, su mamá lo corregía con paciencia:
—Hijo, recuerda que tus maestros merecen respeto. Ellos están ahí para ayudarte a crecer.
Pero Luciano respondía:
—¡Ay, mamá! Los maestros se enojan por todo, ni que fueran perfectos.
Un día, en la escuela, la maestra de ciencias, la señora Beatriz, les dejó una tarea importante para exponer frente a la clase. Luciano no la tomó en serio. Pensó que podía improvisar. Cuando llegó el día de la exposición, no estaba preparado. Mientras intentaba hablar, se confundió y sus compañeros comenzaron a reírse. La maestra lo miró con tristeza y dijo:
—Luciano, no te regaño por fallar, sino porque no fuiste responsable. Cuando no obedeces, las consecuencias llegan solas.
Luciano se sintió avergonzado. Esa noche no pudo dormir. Pensó en todo lo que había pasado y en cómo había desobedecido. En la iglesia, ese domingo, el pastor habló de un versículo que parecía dirigido directamente a él:
"Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas" (Romanos 13:1)
El pastor explicó:
—Dios pone autoridades sobre nosotros para cuidarnos, no para molestarnos. Cuando obedecemos con respeto, estamos obedeciendo a Dios mismo.
Luciano bajó la cabeza. Se dio cuenta de que no solo había desobedecido a su maestra, sino también a Dios. Al llegar a casa, se arrodilló y oró:
—Señor, perdóname. No he respetado a mis maestros ni he obedecido con humildad. Ayúdame a cambiar mi actitud. En el nombre de Jesús, Amén.
Al día siguiente, fue temprano a la escuela y esperó a la señora Beatriz antes de entrar. —Maestra —dijo con voz bajita—, quiero pedirle perdón por no haberle hecho caso ni haber tomado en serio la tarea. Me equivoqué.
La maestra sonrió sorprendida. —Gracias, Luciano. No sabes cuánto me alegra escuchar eso. Todos podemos mejorar cuando reconocemos nuestros errores.
Ese día, Luciano decidió obedecer con un corazón diferente. Comenzó a llegar puntual, escuchaba en silencio, y hasta ayudaba a sus compañeros. Cuando los demás hacían ruido o hablaban mal de un maestro, él decía:
—No debemos faltarles al respeto. Ellos también se esfuerzan mucho por nosotros.
Pasaron las semanas, y su cambio fue tan grande que la directora lo felicitó en público por su conducta. Luciano se sintió feliz, pero más que nada, en paz. Sabía que Dios estaba contento con él, porque su obediencia no era por miedo, sino por amor.
Una tarde, mientras ayudaba a recoger los libros del aula, su maestra le dijo:
—Luciano, gracias por tu ayuda. Has sido un buen ejemplo para los demás.
Él respondió sonriendo:
—Estoy aprendiendo que obedecer no me hace menos… me hace más parecido a Jesús.
Y tenía razón. Jesús fue el mayor ejemplo de obediencia, pues incluso cuando fue difícil, hizo siempre la voluntad del Padre.
Desde entonces, cada vez que Luciano dudaba si obedecer o no, recordaba lo que había aprendido:
"El respeto abre puertas y la obediencia atrae bendición.”
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Obedecer y respetar a tus maestros agrada a Dios.
¿Respetas a tus maestros y padres aunque no siempre estés de acuerdo?
¿Qué cosas podrías mejorar para obedecer con alegría y no con queja?
¿Cómo puedes demostrar a Dios tu obediencia en tu vida diaria?
Dios nos enseña que obedecer y respetar a las autoridades —como nuestros padres, maestros o líderes— es también una forma de honrarlo a Él. Cuando obedecemos con humildad, mostramos que confiamos en la sabiduría de Dios, quien coloca a esas personas para guiarnos. La desobediencia nos aleja del propósito, pero la obediencia nos lleva a la bendición.
Respetar no significa estar de acuerdo con todo, sino tener un corazón humilde y dispuesto a aprender. Jesús nos enseñó con su vida que el verdadero amor se demuestra obedeciendo, incluso cuando cuesta. Ser obediente no te hace débil; te hace sabio, fuerte y lleno de gracia delante de Dios y de las personas.
🎯 Reto de hoy:
Demuestra respeto y obediencia a tus maestros: escucha con atención, no interrumpas y agradéceles por enseñarte. 🍎🙏
¡Recuerda! Cuando obedeces con alegría, también estás honrando a Dios.
Versículo clave: Romanos 13:1
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
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Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
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