No lastimar a nadie
- Tesoros en el cielo

- hace 3 días
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Lectura bíblica: Efesios 4:29
En un grupo de tercer grado estudiaba un niño llamado Andrés. Era inteligente, rápido para responder y siempre tenía algo que decir.
Pero también tenía algo que no todos notaban al principio.
Sus palabras podían ser muy duras.
Un día, durante la clase, la maestra pidió leer en voz alta.
Le tocó a una niña llamada Camila.
Comenzó a leer… pero se equivocaba en algunas palabras.
Se trababa.
Se ponía nerviosa.
Algunos niños empezaron a reír bajito.
Andrés también.
Pero no se quedó ahí.
Cuando Camila terminó, él dijo en voz alta:
—¡Lee bien raro!
Algunos se rieron.
Camila bajó la mirada.
Se quedó callada.
La maestra continuó la clase, pero algo había cambiado.
En el recreo, Camila no salió a jugar.
Se quedó en su lugar.
Andrés la vio… pero no le dio importancia.
—Solo fue un comentario —pensó.
Más tarde, en educación física, Andrés no logró hacer bien un ejercicio.
Se cayó.
Y varios niños comenzaron a reír.
—¡Ni puedes hacerlo! —gritó uno.
Andrés sintió algo en el pecho.
No le gustó.
Se levantó rápido.
Se sacudió.
Pero ahora entendía cómo se sentía.
Esa sensación incómoda… ese deseo de esconderse… ese silencio.
Al regresar a casa, no estaba como siempre.
Se sentó en su cama.
Pensando.
Recordó a Camila.
Recordó lo que dijo.
Y cómo se rieron los demás.
Bajó la mirada.
Se arrodilló.
—Señor… hoy dije cosas que hicieron sentir mal a alguien. Pensé que no era importante, pero ahora entiendo cómo se siente. Ayúdame a cuidar mis palabras y a no lastimar a otros. Quiero aprender a hablar de una manera que haga bien. En el nombre de Jesús, amén.
Al día siguiente, Andrés llegó diferente.
Buscó a Camila.
La encontró guardando sus cosas.
Se acercó despacio.
—Oye… —dijo con voz más baja de lo normal—, perdón por lo que dije ayer. No debí decir eso.
Camila lo miró.
Sorprendida.
Luego asintió.
—Está bien.
Ese día, en clase, cuando alguien se equivocó al leer…
Andrés no se rió.
Al contrario.
—Vas bien —dijo.
Poco a poco, algo cambió en él.
Siguió siendo el mismo niño alegre… pero ahora sus palabras eran diferentes.
Y entendió algo que nunca olvidaría:
las palabras pueden lastimar… o pueden sanar.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Nuestras palabras pueden herir o ayudar, tú decides cómo usarlas.
¿Alguna vez alguien te dijo algo que te hizo sentir mal?
¿Cómo te sentiste?
¿Has dicho algo que pudo haber lastimado a alguien?
¿Qué puedes hacer diferente la próxima vez?
A veces pensamos que las palabras no hacen daño.
Pero sí lo hacen.
Una burla.
Un comentario.
Una risa.
Puede quedarse en el corazón de alguien por mucho tiempo.
Por eso la Biblia nos enseña a cuidar lo que decimos.
Hablar bien no es solo no decir cosas malas.
También es decir palabras que animen.
Que ayuden.
Que levanten a otros.
Cuando usamos nuestras palabras correctamente:
hacemos sentir bien a otros, creamos paz, mostramos amor.
Y eso agrada a Dios.
🎯 Reto de hoy:
Hoy pon atención a tus palabras.
Antes de hablar, pregúntate:
“¿Esto va a ayudar o va a lastimar?”
Recuerda esto:
Una palabra puede cambiar el día de alguien.
Versículo clave: Efesios 4:29
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
Es Hora de Orar...
🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈
¡Tenemos una buena noticia para ti!
Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶♂️🚶♀️💖

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