Mi casa, mi responsabilidad
- Tesoros en el cielo

- 6 oct 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 8 oct 2025
Lectura bíblica: Colosenses 3:23
Mariana era una niña muy alegre y divertida, pero había algo que no le gustaba nada: los quehaceres del hogar. Cuando su mamá le pedía que ayudara a tender su cama, lavar su plato o doblar la ropa, ella siempre encontraba una excusa.
—Mamá, estoy cansada… —decía. —Mamá, ya lo hago después… —respondía. O simplemente hacía las cosas a la mitad.
Un sábado por la mañana, su mamá le dijo con voz amable pero firme:
—Hija, todos tenemos responsabilidades en casa. No es solo mi trabajo mantener todo limpio.
Pero Mariana se cruzó de brazos y contestó:
—Yo no ensucié la cocina, ¿por qué tengo que limpiarla?
Su mamá suspiró y decidió no discutir. Ese día, mientras Mariana estaba en su cuarto, escuchó que su mamá hablaba por teléfono con su abuela.
—Estoy muy cansada, mamá —decía su voz—. A veces siento que nadie me ayuda, y todo lo hago sola.
Mariana sintió un nudo en el estómago. Nunca había pensado que su mamá también se cansaba. Esa noche, cuando su mamá la acostó, le dio un beso y le dijo:
—Te amo, hija. Dios me dio un gran regalo al tenerte.
Mariana no pudo dormir.
En silencio, oró:
—Señor, ayúdame a ser más responsable. No quiero que mi mamá se sienta cansada. Quiero ayudar como tú ayudabas a todos. En el nombre de Jesús, Amén.
Al día siguiente, se levantó temprano y, sin que nadie le dijera nada, empezó a limpiar su cuarto. Luego lavó su plato del desayuno y ayudó a su hermanito a recoger los juguetes. Cuando su mamá entró a la cocina, no podía creer lo que veía.
—¡Mariana! ¿Tú hiciste todo esto? —preguntó sorprendida.
—Sí, mamá —respondió sonriendo—. Quiero ayudarte porque te amo, y también quiero agradar a Dios.
Su mamá la abrazó emocionada. —Hija, esto alegra mucho mi corazón… y también el de Dios.
Esa tarde, mientras doblaban la ropa juntas, su mamá le contó un versículo que se volvió especial para Mariana:“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor.”
Mariana entendió que ayudar en casa no era un castigo, sino una forma de servir con amor. A partir de entonces, comenzó a disfrutar hacerlo. Mientras barría, cantaba alabanzas; mientras lavaba los trastes, pensaba en cómo Jesús sirvió con alegría a los demás.
Con el paso de los días, toda la casa cambió. Ya no se escuchaban quejas ni discusiones, sino risas, canciones y cooperación. Su papá también notó la diferencia y dijo:
—Cuando todos ayudamos con amor, el hogar se llena de paz.
Esa noche, Mariana escribió en su cuaderno:
"Ser responsable no significa hacer lo que me toca, sino hacerlo con amor. Cuando sirvo a mi familia, también estoy sirviendo a Dios.”
Desde entonces, cada vez que alguien le pedía ayuda, ella respondía con una sonrisa:
—¡Claro, lo haré con gusto!
Y su mamá decía con alegría:
—Mi hija ya no trabaja por obligación… ahora lo hace por amor.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Ayudar en casa alegra a Dios.
¿Ayudas en casa sin que te lo pidan o esperas que alguien más lo haga?
¿Cómo puedes demostrar amor a tu familia hoy con tus acciones?
¿Sabías que cuando haces tus tareas con alegría, estás sirviendo a Dios?
Ser responsable en casa no se trata solo de cumplir una obligación, sino de demostrar amor a través de nuestras acciones. Cada tarea, por pequeña que parezca —barrer, lavar un plato o tender una cama— puede convertirse en una forma de adorar a Dios si se hace con alegría y gratitud.
Cuando ayudamos en el hogar, estamos cuidando las bendiciones que Dios nos ha dado y mostrando respeto por el esfuerzo de nuestros padres. Dios no mira cuántas cosas hacemos, sino con qué corazón las hacemos. Él se agrada cuando servimos con una sonrisa y sin quejarnos.
Jesús mismo dio ejemplo de servicio: lavó los pies de sus discípulos, mostró humildad y trabajó con amor. Cuando seguimos su ejemplo, convertimos los quehaceres en actos de fe. Ser responsable es reflejar a Cristo en lo cotidiano y recordar que todo lo que hacemos, lo hacemos para Él.
🎯 Reto de hoy:
Haz una tarea del hogar sin que nadie te lo pida —puede ser tender tu cama, lavar tu plato o barrer un poco— y hazlo con una sonrisa y con amor. 💛🏡
¡Recuerda! Cuando ayudas en casa, también estás sirviendo a Dios.
Versículo clave: Colosenses 3:23
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.
Es Hora de Orar...
🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈
¡Tenemos una buena noticia para ti!
Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶♂️🚶♀️💖

Comentarios