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La hospitalidad que abre las puertas del corazón

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 3 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Lectura bíblica: Hebreos 13:2


Mariana era una niña alegre, pero muy apegada a sus cosas. Su cuarto estaba lleno de muñecas, libros y colores que cuidaba como un tesoro. Aunque en la escuela dominical aprendía sobre el amor de Dios, a veces le costaba ponerlo en práctica cuando se trataba de compartir lo suyo.


Un domingo, al terminar el culto, la maestra anunció que había llegado a la iglesia una familia nueva. Los papás de Mariana, con una sonrisa, se acercaron y los invitaron a comer a su casa. Cuando Mariana escuchó, frunció el ceño y murmuró para sí misma:


—Otra vez visitas… seguro van a usar mi silla favorita y mis juguetes.


Cuando llegaron a casa, Mariana se mostró callada y fría. La nueva familia se veía agradecida, pero también tímida. En la mesa, la mamá visitante dijo con los ojos brillosos:


—Gracias por invitarnos. No teníamos a dónde ir, y hoy no había comida preparada en casa. Este gesto nos hace sentir parte de la familia de Dios.


Las palabras golpearon el corazón de Mariana. Sintió vergüenza al recordar su queja. Se dio cuenta de que, mientras ella pensaba en perder un espacio o en que alguien tocara sus cosas, esa familia había encontrado en su hogar un refugio lleno de amor.


Esa noche, Mariana le confesó a su mamá:


—Perdóname, hoy no tuve un buen corazón. No quería compartir, pero entendí que abrir nuestra casa es también abrir mi corazón.


Su mamá le acarició el cabello y respondió:


—Hija, la hospitalidad no es dar lo que sobra, sino dar con amor. Así como Jesús nos recibió, nosotros recibimos a otros.


Al día siguiente, Mariana decidió cambiar. Ordenó su cuarto, separó algunos juguetes y los puso en una caja que llamó “para compartir”. También escribió una nota que decía: “Bienvenidos, esta casa también es su casa.”


Pasaron las semanas, y otra familia visitó la iglesia. Esta vez, antes de que sus padres hablaran, Mariana se adelantó:


—¿Quieren venir a comer con nosotros? Tengo juegos para sus hijos.


Los niños invitados entraron a su cuarto, y Mariana abrió la caja que había preparado. Les prestó sus muñecas y colores, y todos jugaron juntos. El gozo que sintió en su corazón fue mucho mayor que el miedo de perder algo.


Con el tiempo, su casa se convirtió en un lugar conocido por la hospitalidad. A veces llegaban viajeros, otras veces hermanos de la iglesia que pasaban por pruebas, y siempre encontraban en esa familia una mesa abierta y un corazón dispuesto. Mariana aprendió que ser hospedadora no era solo recibir, sino hacerlo con alegría, como si cada invitado fuera enviado por Dios.


Un día, incluso, su papá le dijo:


—¿Sabías que cuando abrimos la puerta de nuestra casa, muchas veces es como si abriéramos la puerta a los ángeles?


Mariana sonrió y respondió:


—Entonces quiero que cada vez que alguien venga, encuentre a Jesús en nuestra mesa y en mi corazón.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: La hospitalidad es abrir el corazón y mostrar el amor de Jesús.


  • ¿Alguna vez te molestó compartir tu casa o tus cosas?

  • ¿Cómo crees que se siente alguien cuando lo recibimos con amor?

  • ¿Qué puedes hacer esta semana para que tu hogar sea un lugar de hospitalidad?


Ser buenos hospedadores con amor es mucho más que abrir la puerta de nuestra casa, es abrir la puerta del corazón. La hospitalidad verdadera no se trata de dar lo que sobra o de cumplir con un deber social, sino de recibir a otros con la misma gracia y amor con que Cristo nos recibió a nosotros. Cuando compartimos nuestra mesa, nuestro tiempo y hasta nuestras cosas más queridas, mostramos que entendemos que todo lo que tenemos viene de Dios y le pertenece a Él.


La hospitalidad es una expresión viva del amor cristiano: consuela al que se siente solo, anima al que está cansado y fortalece al que ha perdido la esperanza. Cada gesto de servicio, cada sonrisa ofrecida y cada plato compartido se convierten en semillas que Dios utiliza para transformar corazones.


Ser hospedadores con amor también nos enseña a vencer el egoísmo, porque nos recuerda que nuestro hogar no es solo para nuestra comodidad, sino un lugar de refugio donde otros pueden sentir el calor de la familia de Dios. Así, cada visita se transforma en una oportunidad de mostrar el evangelio en acción, y cada persona recibida se convierte en un regalo del cielo.


Por eso, abrir las puertas con alegría y amor no solo bendice al que llega, sino que también enriquece a quien recibe. La hospitalidad cambia la atmósfera del hogar, fortalece las relaciones y refleja en lo práctico lo que significa ser imitadores de Cristo.


Versículo clave: Hebreos 13:2

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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