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La disciplina que nos forma con amor

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 20 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

Lectura bíblica: Hebreos 12:11


Marcos era un joven alegre y lleno de energía, pero con frecuencia tenía problemas de obediencia. Sus padres siempre le habían enseñado a respetar las reglas y a obedecer con amor, pero él pensaba que podía hacer lo que quisiera. Una tarde, mientras su mamá le pidió que se quedara en casa para ayudar con una tarea importante, Marcos decidió ignorar la instrucción y salió con amigos sin avisar. Al regresar, se encontró con la mirada triste de su papá que le dijo:


—Hijo, nos duele que hayas desobedecido. No podemos dejar pasar esto, porque lo que sembramos hoy traerá fruto en tu vida mañana.


Marcos se molestó. Pensó que sus papás no lo entendían y que exageraban. Como consecuencia, no pudo salir durante un tiempo ni usar sus juegos favoritos. Para él fue una disciplina muy dura. Se encerraba en su cuarto y murmuraba: “No me quieren, solo quieren controlarme.” Pero lo que no entendía en ese momento era que esa disciplina era amor disfrazado de corrección.


Pasaron los días, y mientras seguía enojado, uno de sus amigos fue castigado en la escuela por meterse en un problema serio. Marcos se dio cuenta de que, si hubiera seguido rebelde y sin límites, él también pudo haber terminado en la misma situación. Poco a poco comenzó a comprender que la corrección de sus padres lo había librado de algo peor.


La Biblia nos enseña que esto mismo vivió el pueblo de Israel. Muchas veces se rebelaron contra Dios, siguieron ídolos y despreciaron sus mandamientos. Dios, como Padre amoroso, los corrigió y permitió que vivieran las consecuencias de su desobediencia, incluso llevándolos al cautiverio en Babilonia. Aunque fue doloroso, esa disciplina los hizo volver su corazón al Señor. No era odio, era amor que buscaba restaurarlos.


Así como Marcos entendió que la disciplina de sus padres era necesaria para su bien, nosotros también debemos aprender que la corrección de Dios es un acto de amor. Al principio duele, porque nuestro orgullo quiere hacer lo que desea, pero después produce fruto de obediencia y justicia. La disciplina nos enseña a detenernos, a reflexionar y a elegir el camino correcto. Sin disciplina, creceríamos rebeldes, lejos de Dios y sin dirección, pero cuando la recibimos con humildad, descubrimos que es parte de nuestro crecimiento espiritual.


Con lágrimas en los ojos, Marcos un día se acercó a su papá y le dijo:


—Perdóname por enojarme. Ahora entiendo que la disciplina que me diste fue porque me amas.


Su papá lo abrazó y respondió:


—Hijo, nada me da más alegría que ver que aprendes. Nuestra disciplina siempre será para protegerte, nunca para destruirte.


De la misma forma, Dios nos corrige para hacernos mejores, porque somos sus hijos amados.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: La disciplina es amor que nos ayuda a ser mejores.


  • ¿Qué aprendiste hoy acerca de la disciplina y el amor?

  • ¿Recuerdas un momento en que desobedeciste y recibiste corrección? ¿Qué fruto trajo después en tu vida?

  • ¿Cómo puedes responder con gratitud cuando Dios o tus padres te corrigen en lugar de rebelarte?

  • ¿De qué manera la disciplina nos ayuda a parecernos más a Cristo?


La disciplina es un acto de amor que nos ayuda a crecer y a ser transformados. Muchas veces pensamos que ser corregidos es señal de rechazo, pero en realidad es todo lo contrario: un padre que ama corrige, y Dios como Padre perfecto nunca nos deja sin dirección. Él usa la disciplina para enseñarnos a obedecer, para fortalecernos y para apartarnos de lo que nos puede dañar.


Aunque en el momento la disciplina duela y no nos guste, con el tiempo aprendemos que cada corrección es una semilla de justicia que dará fruto en nuestra vida. La obediencia que nace de la disciplina nos prepara para enfrentar la vida con madurez, para vencer la tentación y para caminar seguros en el propósito de Dios.


Recibir la disciplina con humildad es reconocer que no lo sabemos todo y que necesitamos ser guiados. Cuando aceptamos la corrección, no solo mejoramos nuestras acciones, también nuestro corazón se vuelve más sensible a la voz de Dios. La verdadera libertad no está en hacer lo que queremos, sino en vivir bajo la dirección amorosa de Aquel que sabe lo que es mejor para nosotros.


Versículo clave: Hebreos 12:11

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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(Proverbios 22:6)

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