La bondad que transforma el corazón
- Tesoros en el cielo

- 1 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Gálatas 5:22
Mateo era un niño que tenía muchos amigos en la escuela dominical. Le gustaba jugar al fútbol y siempre llevaba sus juguetes para presumirlos a los demás. Un día, su mejor amigo Samuel olvidó llevar colores para una actividad de la clase. Con una sonrisa nerviosa, Samuel le pidió:
—¿Me prestas unos de tus colores, Mateo?
Pero Mateo, en lugar de mostrar bondad, cruzó los brazos y dijo con tono orgulloso:
—No, son míos. Si no trajiste los tuyos, ni modo.
Samuel bajó la cabeza, triste, mientras trataba de hacer el trabajo sin colores. Los demás niños notaron lo que pasó, y aunque Mateo pensó que había “cuidado” sus cosas, en su corazón empezó a sentirse incómodo.
Ese día, la maestra habló sobre el fruto del Espíritu, y cuando mencionó la bondad, explicó:
—Ser bondadosos significa ayudar aunque no nos convenga, compartir aunque nos cueste, y tratar a los demás como Jesús nos trata a nosotros.
Esas palabras golpearon el corazón de Mateo. Recordó cómo le había negado los colores a Samuel, y en su interior sintió vergüenza. Esa noche, al orar con su mamá, le confesó lo que había hecho y dijo en voz baja:
—Mamá, hoy no fui bondadoso. Creo que lastimé a mi amigo.
Su mamá lo abrazó y le respondió:
—Hijo, lo importante es que reconoces tu error. Ahora pídele perdón a Dios y busca la oportunidad de mostrar bondad.
Mateo lo hizo. Le pidió a Dios que le ayudara a ser diferente. Al día siguiente, llevó una caja extra de colores y buscó a Samuel. Con humildad, le dijo:
—Samuel, perdóname por no haberte compartido ayer. Hoy traje estos para ti.
Samuel lo miró sorprendido y sonrió:
—¡Gracias, Mateo! No importa lo de ayer, sé que ahora sí quieres ayudarme.
En ese momento, Mateo sintió una alegría que no se comparaba con nada. Descubrió que la bondad no lo empobrecía, al contrario, lo hacía sentir más rico en su corazón.
Poco después, en su casa, su hermanita pequeña lloraba porque no encontraba su juguete favorito. Mateo estaba a punto de decir: “Ese no es mi problema”, pero recordó su oración y el perdón de Samuel. En lugar de ser indiferente, buscó con ella hasta que lo encontraron. Cuando se lo entregó, su hermanita lo abrazó feliz.
Ese día, Mateo entendió que la bondad comienza con pequeños actos: prestar un color, compartir tiempo, ayudar en lo sencillo. Descubrió que cada vez que elegía ser bondadoso, estaba reflejando el amor de Jesús.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: La bondad no es guardar lo mejor para mí, sino compartir y ayudar como Jesús lo hace conmigo.
¿Alguna vez has negado tu ayuda a alguien que la necesitaba?
¿Qué sentiste después?
¿Cómo puedes mostrar bondad esta semana en tu casa, escuela o iglesia?
Dios nos recuerda que la bondad es fruto del Espíritu Santo. No nace de nosotros solos, sino de un corazón que se deja guiar por Jesús. Cuando elegimos ser bondadosos, aunque nadie lo note, Dios lo ve y sonríe.
Por eso, la verdadera enseñanza es que la bondad transforma nuestras relaciones: primero nos lleva al arrepentimiento, y luego nos impulsa a hacer el bien con un corazón renovado.
Versículo clave: Gálatas 5:22
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.
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