La alegría de ver un corazón rendido a Cristo
- Tesoros en el cielo

- 25 oct 2025
- 4 Min. de lectura
Lectura bíblica: Lucas 15:7
Samuel era un niño amable y lleno de entusiasmo por las cosas de Dios. En su iglesia, amaba cantar, aprender versículos y ayudar a su maestra a preparar las sillas para los demás niños. Pero un día, durante la clase bíblica, escuchó algo que lo conmovió profundamente:
—Niños —dijo su maestra—, ¿sabían que cuando una persona acepta a Cristo, los ángeles en el cielo hacen una gran fiesta?
Todos los niños se emocionaron, pero Samuel se quedó pensativo. Esa tarde, mientras caminaba a casa, oró en silencio:
—Señor, quiero que haya una fiesta en el cielo por alguien que te conozca… quiero ayudarte a ganar un alma para Ti.
Pasaron los días, y en la escuela conoció a Diego, un niño nuevo que casi no hablaba. Era tímido y siempre estaba solo. Algunos compañeros se burlaban de él, pero Samuel sintió compasión. Durante el recreo se acercó y le dijo con una sonrisa:
—¿Quieres jugar conmigo?
Diego sonrió débilmente y aceptó. Con el paso de los días se hicieron buenos amigos. Pero Samuel notó que Diego siempre parecía triste. Un día, mientras caminaban juntos de regreso a casa, le preguntó:
—¿Por qué estás tan callado últimamente?
Diego suspiró. —Mis papás pelean mucho —dijo con la voz entrecortada—. A veces me da miedo estar en casa.
Samuel lo escuchó en silencio. Luego, con ternura, le respondió: —¿Sabes, Diego? Cuando yo tengo miedo, le hablo a Jesús. Él me escucha y me cuida.—¿Jesús? —preguntó Diego curioso—. Yo no lo conozco.
Samuel sonrió. —Puedo contarte quién es. Jesús es el Hijo de Dios. Él vino al mundo para perdonar nuestros pecados y darnos vida eterna. Nos ama tanto que murió por nosotros, y si lo aceptas en tu corazón, nunca estarás solo.
Esa tarde, sentados en una banca del parque, Samuel le contó más sobre Jesús: cómo sanó enfermos, perdonó a los que lo ofendieron y cómo resucitó al tercer día.Diego escuchaba atento, con los ojos brillando.
—¿Y tú crees que Jesús podría amarme a mí, aunque a veces tenga miedo o me porte mal?
—preguntó.—¡Claro que sí! —respondió Samuel—. Jesús te ama tal como eres, y quiere entrar a tu corazón para darte paz y alegría.
Diego bajó la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas.—Quiero conocerlo. Quiero que Jesús viva en mi corazón.
Samuel sonrió emocionado.—Podemos orar juntos —dijo—. Yo te guío.
Diego repitió con voz temblorosa pero sincera:—Señor Jesús, creo que Tú moriste por mí y resucitaste para darme vida nueva. Perdona mis pecados y entra en mi corazón. Te acepto como mi Salvador. Gracias por amarme. Amén.
Cuando terminó de orar, una sonrisa llenó su rostro. —Me siento… diferente. Como si alguien me hubiera quitado un peso del corazón.
Samuel sintió ganas de saltar de alegría. —¡Eso es porque ahora Jesús vive en ti, Diego
¡Eres parte de su familia!
Al domingo siguiente, Diego fue a la iglesia por primera vez. Cantó con los demás niños, escuchó la Palabra y al final dijo:
—Ahora entiendo por qué tú siempre estás feliz, Samuel. Jesús también me dio paz.
La maestra se emocionó al escucharlo y dijo:
—Hoy hay fiesta en el cielo, porque un niño más ha entregado su vida a Cristo.
Esa noche, Samuel escribió en su cuaderno:
Ganar un alma para Cristo es la alegría más grande que puede tener un corazón. Hoy no solo sonrió el cielo… también mi alma.”
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: No hay alegría más grande que ver a alguien aceptar a Jesús. Cuando compartes Su amor, haces sonreír al cielo.
¿Has hablado alguna vez con alguien sobre el amor de Jesús?
¿Qué puedes hacer para mostrarle a tus amigos que Dios los ama?
¿Sabías que tus palabras y acciones pueden cambiar la vida de alguien para siempre?
Ganar un alma para Cristo es un acto de amor eterno. No se trata solo de hablar de Dios, sino de mostrar a Jesús con nuestra vida, con palabras amables, oraciones sinceras y un corazón dispuesto a servir. Cada vez que compartimos el mensaje del Evangelio, estamos participando en la misión más grande que existe: rescatar corazones para el Reino de Dios.
A los ojos del mundo puede parecer algo pequeño, pero para el cielo es una fiesta. Una sonrisa, una oración o un gesto de bondad pueden abrir el camino para que alguien conozca a Cristo. Dios no busca voces perfectas, sino corazones que amen a las personas como Él las ama. Cuando llevas a alguien a Jesús, siembras vida, esperanza y luz donde antes había oscuridad.
🎯 Reto de hoy:
Pídele a Dios que te muestre a una persona que necesite conocer a Jesús.
Ora por ella todos los días y, cuando llegue el momento, háblale del amor del Señor con ternura y fe.
Recuerda: cuando un corazón acepta a Cristo, el cielo celebra… ¡y tú también puedes ser parte de esa alegría! 💛🙌
Versículo clave: Lucas 15:7
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente,que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.
Es Hora de Orar...
🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈
¡Tenemos una buena noticia para ti!
Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶♂️🚶♀️💖

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