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¿Estás siendo piedra de tropiezo?

11 oct
3 min de lectura


A veces estamos tan concentrados en defender lo que tenemos derecho a hacer que olvidamos preguntarnos cómo nuestras decisiones afectan a los demás. Decimos: “Es mi vida”, “yo puedo hacerlo” o “no estoy haciendo nada malo”, sin considerar que nuestras palabras, actitudes y ejemplo pueden influir en la vida espiritual de quienes nos rodean. Pablo nos invita a mirar más allá de nuestra libertad personal y hacernos una pregunta necesaria: ¿estoy ayudando a otros a acercarse a Cristo o estoy convirtiéndome en un obstáculo para su crecimiento espiritual?


En Romanos 14, Pablo trata diferencias de conciencia entre creyentes, especialmente relacionadas con los alimentos. Algunos podían comer con libertad, mientras otros tenían convicciones diferentes. El problema surgía cuando alguien utilizaba su libertad sin considerar la conciencia de su hermano. Pablo no estaba enseñando que debemos vivir sometidos a cualquier opinión ajena, sino que el amor debe dirigir nuestras decisiones. Tener razón en algo no significa que siempre sea correcto ejercer nuestra libertad sin considerar sus consecuencias. La madurez cristiana también se demuestra cuando sabemos renunciar voluntariamente a algo por amor.


Este principio alcanza nuestra vida cotidiana. Podemos convertirnos en piedra de tropiezo cuando animamos a alguien a actuar contra su conciencia, cuando ridiculizamos sus convicciones o cuando utilizamos nuestra influencia para acercarlo a aquello que sabemos que puede hacerlo caer. También debemos cuidar el ejemplo que damos a nuestros hijos, familiares y personas que comienzan a conocer a Cristo. No se trata de aparentar perfección ni de responsabilizarnos por cada decisión que otros toman. Se trata de comprender que nuestra conducta puede convertirse en una ayuda para la fe de alguien o en una dificultad innecesaria para su caminar con Dios.


Antes de actuar, necesitamos aprender a detenernos y pensar en el amor. Quizá algo no sea pecado en sí mismo, pero en determinada circunstancia convenga renunciar a ello para cuidar a otra persona. O quizá necesitamos corregir una actitud, una conversación o una costumbre que está afectando nuestro testimonio. Jesús nos llama a vivir una fe que no solamente busque nuestro propio beneficio. La verdadera libertad cristiana no consiste en hacer todo lo que podemos, sino en tener un corazón dispuesto a utilizar nuestra libertad para honrar a Dios y edificar a los demás.


Reflexión

Hay decisiones que pueden parecer pequeñas para nosotros, pero tener una influencia importante en alguien que está aprendiendo a caminar con Cristo.


Pablo nos recuerda que la libertad sin amor puede convertirse en una ocasión de tropiezo.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Existe alguna actitud o comportamiento tuyo que podría estar dificultando el crecimiento espiritual de otra persona?

  • ¿Alguna vez has defendido tu libertad personal sin considerar cómo podría afectar la conciencia de un hermano en Cristo?

  • ¿Qué ejemplo estás dando a tus hijos, familiares o personas que están comenzando a conocer a Jesús?

  • ¿Hay algo a lo que deberías renunciar voluntariamente por amor y consideración hacia alguien más?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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