El cambio que no está en tus manos
- Tesoros en el cielo

- 27 ene
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Ezequiel 36:26
A Ismael le preocupaba mucho su primo mayor, Héctor.
Antes jugaban juntos, reían y se llevaban muy bien. Pero últimamente Héctor estaba diferente: contestaba mal, no quería escuchar a nadie, y siempre estaba de mal humor.
Un día, Ismael se armó de valor y le dijo:
—Oye, ¿por qué siempre estás enojado?
Héctor lo miró serio.
—No es tu problema.
Ismael se quedó callado. Sintió tristeza en el pecho.
Esa tarde, mientras hacían la tarea juntos, Héctor volvió a hablarle mal. Ismael sintió ganas de llorar.
—¿Por qué no cambia? —pensó—. —Si yo pudiera, lo haría diferente.
En casa, Ismael estaba sentado en la mesa sin tocar su comida.
Su mamá lo notó.
—Hijo, ¿qué te pasa?
Ismael suspiró.
—Mamá, quiero que Héctor cambie.
—Le hablo bien, trato de ayudarlo… pero sigue igual.
—¿Qué más puedo hacer?
Su mamá se sentó a su lado y le habló con suavidad:
—Hay algo muy importante que debes entender.
—Tú puedes aconsejar, ayudar y amar… —pero no puedes cambiar el corazón de otra persona.
Ismael la miró sorprendido.
—¿Entonces no puedo hacer nada?
Su mamá sonrió.
—Sí puedes hacer algo muy poderoso: orar.
—Solo Dios puede cambiar el corazón de las personas.
Esa noche, Ismael se quedó pensando en esas palabras.
Recordó todas las veces que había tratado de hacer cambiar a Héctor: le hablaba, se enojaba, le reclamaba.
Pero nada funcionaba.
Entonces entendió algo:
Tal vez estaba intentando hacer algo que solo Dios podía hacer.
Se sentó en su cama, cerró los ojos y habló con Dios.
—Señor, a veces quiero que las personas cambien y me frustro cuando no lo hacen. Hoy entiendo que yo no puedo cambiar el corazón de nadie, pero Tú sí puedes hacerlo. Ayúdame a tener paciencia, a amar a los demás y a confiar en que Tú estás obrando en sus vidas. Enséñame a orar por ellos con fe y a dejar en tus manos lo que no puedo controlar. Quiero aprender a confiar en tu poder y en tu tiempo. En el nombre de Jesús, amén.
Al día siguiente, Héctor seguía siendo el mismo. No cambió de inmediato. No se volvió diferente de un día para otro.
Ismael se sintió un poco decepcionado.
Pero decidió no dejar de orar.
Pasaron los días.
Una tarde, mientras caminaban juntos, Héctor dijo algo que Ismael no esperaba:
—Oye… gracias por no dejar de hablarme bien.
Ismael se sorprendió.
—¿Por qué dices eso?
Héctor bajó la mirada.
—A veces estoy enojado por muchas cosas… pero tú nunca me trataste mal.
Ismael sintió algo muy bonito en el corazón.
En ese momento comprendió algo importante:
Él no había cambiado a Héctor. Pero Dios estaba trabajando en su corazón.
Aprendió que:
No puedes cambiar a las personas, pero puedes llevarlas a Dios con tus oraciones.
Y entendió una verdad que nunca olvidaría:
A veces el cambio no se ve rápido, pero Dios siempre está obrando, aunque tú no lo notes.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: No puedes cambiar a las personas, pero sí puedes orar para que Dios las cambie.
¿Has querido cambiar a alguien alguna vez?
¿Cómo te has sentido cuando esa persona no cambia?
¿Crees que tú puedes cambiar el corazón de alguien?
¿Por quién podrías orar hoy?
Hoy aprendimos que muchas veces queremos cambiar a las personas que amamos. Queremos que actúen diferente, que piensen diferente o que sean mejores. Pero el corazón de las personas no puede ser cambiado por la fuerza, los reclamos o los enojos. Solo Dios tiene el poder de transformar el interior. Nuestro papel no es obligar a otros a cambiar, sino amarlos, tratarlos bien y orar por ellos. Cuando oramos, Dios escucha y empieza a trabajar en maneras que no siempre vemos. Confiar en Dios significa entender que el cambio verdadero viene de Él, no de nosotros.
🎯 Reto de hoy:
En lugar de enojarte con alguien, ora por esa persona.
Recuerda esto:
Lo que tú no puedes cambiar, Dios sí puede transformarlo.
Versículo clave: Ezequiel 36:26
Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Es Hora de Orar...
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Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
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