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El amor de Dios no se gana

9 ago
3 min de lectura


Romanos capítulo 9 versículos 15 y 16, dice:


“Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (RVR1960)


Desde pequeños aprendemos que muchas cosas se consiguen con esfuerzo. Si estudiamos, podemos obtener una buena calificación. Si entrenamos, podemos mejorar en un deporte. Si cumplimos ciertas tareas, quizá recibamos un premio. Pero hay algo que nunca podremos ganar por nuestros propios méritos: la misericordia de Dios. Dios no nos ama porque seamos mejores que otros ni porque hagamos suficientes cosas buenas. Su misericordia nace de quién es Él.


Un día, un niño participó en una competencia en su escuela.


Le gustaba mucho ganar.


Siempre quería obtener las mejores calificaciones.


Quería correr más rápido que todos.


Y cuando hacía algo bueno, esperaba que alguien lo felicitara.


Un domingo escuchó en la iglesia que Dios es misericordioso.


Entonces pensó:


—Si hago muchas cosas buenas, seguramente Dios me amará más.


Durante varios días intentó portarse perfectamente.


Ayudaba en casa.


Ordenaba su habitación.


Trataba de no equivocarse.


Y cada vez que hacía algo bueno pensaba:


—Ahora Dios debe estar más contento conmigo.


Pero un día perdió la paciencia con su hermanito y le habló muy mal.


Inmediatamente se sintió triste.


Pensó:


—Ahora Dios ya no me va a querer igual.


Esa noche habló con su papá y le contó lo que sentía.


Su papá abrió la Biblia y le explicó:


—Hijo, obedecer a Dios es importante, pero no hacemos cosas buenas para comprar su amor. Dios no es como un juez de una competencia que entrega su misericordia al que consigue más puntos.


El niño escuchaba atentamente.


Su papá continuó:


—La Biblia dice que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene

misericordia. Nosotros obedecemos al Señor porque lo amamos y estamos agradecidos con Él, no para obligarlo a amarnos.


Entonces el niño comprendió algo que nunca había entendido.


No tenía que competir con nadie para recibir la misericordia de Dios.


Tampoco podía presumir creyendo que era mejor que otros.


Todo lo bueno que recibía de Dios era por su gracia y misericordia.


Es parecido a un pajarito recién nacido que depende completamente del cuidado que recibe. No puede presumir diciendo que consiguió por sí mismo todo lo necesario para vivir. Necesita que alguien lo cuide y le dé aquello que él no puede conseguir solo. Así también, nosotros dependemos de la misericordia de Dios y no de nuestros propios méritos.


Ese día el niño aprendió que hacer lo correcto sigue siendo importante, pero ya no debía hacerlo para intentar ganarse el amor de Dios. Quería obedecer al Señor porque estaba agradecido por la misericordia que Él le había mostrado.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy:El amor y la misericordia de Dios no son premios que podemos ganar. No dependen de que seamos mejores que otros ni de cuánto podamos esforzarnos. Dependemos completamente de Dios, que es misericordioso.


  • ¿Por qué el niño pensaba que Dios lo amaría más si hacía muchas cosas buenas?

  • ¿Qué sintió cuando se equivocó y trató mal a su hermanito?

  • ¿Qué le enseñó su papá acerca de la misericordia de Dios?

  • ¿Por qué debemos obedecer a Dios si no podemos comprar su amor con nuestras buenas acciones?


Reflexión: Nunca debemos pensar que Dios nos debe algo porque nos portamos bien, oramos, vamos a la iglesia o hacemos buenas obras. Todo lo que recibimos de Él es por gracia. Nosotros no podemos presumir delante de Dios, porque dependemos completamente de su misericordia. Y la muestra más grande de su amor fue enviar a Jesucristo para salvar a pecadores que jamás podrían salvarse por sus propios méritos. Por eso obedecemos a Dios no para comprar su amor, sino porque primero hemos recibido de Él una misericordia que no merecíamos.


 🎯 Reto de hoy: Hoy, cuando hagas algo bueno, no lo hagas esperando sentirte mejor que los demás ni pensando que así Dios te amará más. Hazlo con un corazón agradecido y dile al Señor: “Gracias porque tu misericordia no depende de mis méritos”.


Versículo clave: Romanos 9:15-16

“Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”


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