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Servir con una sonrisa

Actualizado: 9 abr

Leer: Marcos 10:45


Esteban estaba muy emocionado porque iba a ayudar a su mamá a preparar la comida del domingo.


Su corazón latía rápido mientras sostenía el cuchillo para cortar las verduras.


Todo parecía tan divertido hasta que vio que su hermana menor, Lucía, estaba luchando por poner la mesa.


—¡Lucía, no lo estás haciendo bien! —exclamó Esteban con impaciencia—.


Los platos están chuecos y los vasos no combinan.


Lucía bajó la cabeza, apenada.—Lo siento… —murmuró.


Papá, que había estado observando desde la puerta, se acercó despacio y le preguntó:


—Esteban, ¿por qué estás tan molesto?


Esteban cruzó los brazos:


—Porque Lucía nunca lo hace bien. Yo podría hacerlo mejor solo.


Papá sonrió con ternura y se sentó a su lado.


—Esteban, ¿te acuerdas del árbol que plantaste el año pasado? Cuando estaba chiquito, necesitaba que lo cuidaras mucho.


Tenías que regarlo, protegerlo del viento y darle tiempo para crecer. No te enojaste porque aún no diera frutas, ¿verdad?


Esteban recordó cómo había esperado con paciencia y asintió.


—Así pasa con las personas —explicó Papá—. Cuando servimos a otros, no siempre es perfecto. Servir no es criticar ni mandar, sino ayudar con amor. Jesús nos enseñó que el más grande en el Reino de Dios es aquel que sirve a todos, no el que manda más. Él mismo vino para servir y dar su vida por nosotros.


Esteban lo escuchaba con los ojos muy abiertos.—¿Entonces ayudar es más que solo hacer bien las cosas?


Papá le sonrió.—Exactamente. Ayudar es hacerlo con un corazón humilde, como un verdadero siervo. Cuando sirves con amor, estás sembrando semillas que un día crecerán en el corazón de los demás.


Al día siguiente, mientras mamá terminaba la comida, Esteban vio que Lucía nuevamente estaba poniendo la mesa. Tomó una respiración profunda y dijo con suavidad:—Lucía, ¿quieres que lo hagamos juntos? Yo puedo ayudarte a poner los platos y tú me ayudas con los vasos.


Lucía levantó la mirada sorprendida y sonrió ampliamente.—¡Sí, Esteban! —dijo, y juntos acomodaron la mesa.


Papá, que miraba desde la cocina, les guiñó un ojo.—Así es, hijos. Cuando servimos a los demás con amor, no solo ayudamos, también aprendemos a ver el corazón de Jesús en lo que hacemos.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de Hoy: ¡Servir con amor y humildad nos hace grandes en los ojos de Dios!


Cuando elegimos ayudar en vez de criticar, aprendemos a ser como Jesús. Servir es mucho más que hacer tareas: es mostrar amor, paciencia y cuidado por los demás.


Versículo Clave: Marcos 10:45

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.


Es Hora de Orar...


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