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Amar a tu hermano como a ti mismo

Actualizado: 9 abr

Lectura bíblica: 1 Juan 4:20-21


Emilio era un niño amigable y le gustaba compartir con los demás. Disfrutaba dibujar, construir con bloques y ayudar a su abuelo a cuidar el jardín. Pero había algo que le costaba mucho: a veces no trataba bien a su hermano mayor, David.


Si discutían, Emilio se molestaba y prefería ignorarlo por horas. En el fondo lo amaba, pero no siempre lo demostraba.


Un domingo, en la escuelita bíblica, la maestra Laura llevó dos vasos: uno lleno de agua limpia y otro con agua sucia. Colocó ambos sobre la mesa y dijo:


—Niños, amar de verdad significa que lo que hay en nuestro corazón sea limpio, no sucio.


La Biblia dice que si decimos que amamos a Dios pero no amamos a nuestro hermano, estamos mintiendo. Amar es cuidar, perdonar y ayudar, aunque a veces no sea fácil.


Emilio escuchó, pero pensó: “Sí lo amo… pero a veces me saca de quicio”.


Esa misma tarde, en casa, Emilio jugaba con su balón en el patio. Sin querer, David lo golpeó mientras corría y Emilio cayó al suelo.


—¡Siempre me lastimas! —gritó enojado, levantándose del piso. David se quedó callado, con la mirada triste.


Más tarde, la mamá se acercó a Emilio y le dijo con ternura:


—Hijo, ¿recuerdas lo que dijo tu maestra? Amar a tu hermano es también perdonarlo cuando te molesta.


Esa noche, Emilio abrió su Biblia en 1 Juan 4:20-21 y leyó:


Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.


Pensó en cuántas veces Dios lo había perdonado. Se levantó y fue al cuarto de David.


—Perdóname por gritarte —dijo—. Te quiero mucho y no quiero estar enojado contigo.


David sonrió y lo abrazó fuerte.


A partir de ese día, Emilio comenzó a practicar amar más a su hermano. Cuando discutían, respiraba hondo y oraba


Un día, jugando fútbol, David cometió un error que hizo perder el punto. Emilio sintió ganas de reclamar, pero en vez de hacerlo, sonrió y dijo:


—No importa, sigamos jugando.


La maestra Laura, al enterarse, le dijo:


—Emilio, eso es amar como Dios quiere. No significa que nunca te molestarás, sino que decidirás responder con amor.


Esa noche, Emilio oró:


—Gracias, Señor, porque me enseñas a amar de verdad. Ayúdame a demostrarlo con acciones y no solo con palabras. En el nombre de Jesús, Amén.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: Ama a tu hermano como a ti mismo.


Preguntas para reflexionar con tus hijos:

  • ¿Cómo puedes demostrar amor a tu hermano hoy?

  • ¿Qué cosas podrías dejar de hacer para no lastimarlo?

  • ¿A quién necesitas perdonar para obedecer a Dios?


Amar a tu hermano es como regar una planta: si la cuidas cada día, crece fuerte y da fruto. Si la descuidas, se marchita. Dios quiere que cuidemos nuestras relaciones para que reflejemos su amor.


1 Juan 4:20-21

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.


Es Hora de Orar...


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 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

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