Despojarse del enojo y revestirse de bondad
- Tesoros en el cielo

- 7 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 ago 2025
Lectura bíblica: Efesios 4:31-32
Lucas era un niño inteligente y creativo. Le gustaba armar rompecabezas, inventar juegos y ayudar a su papá a arreglar cosas en casa. Pero había algo que le costaba mucho controlar: su enojo.
Si algo no salía como él quería, fruncía el ceño, golpeaba la mesa o levantaba la voz. A veces, después de enojarse, se sentía mal, pero no sabía cómo cambiar.
Un domingo en la escuelita bíblica, la maestra Pamela llevó una bolsa con ropa vieja y nueva. Colocó todo sobre la mesa y dijo:
—Niños, hoy vamos a aprender sobre lo que significa despojarse y revestirse, como dice la Biblia. Despojarse es como quitarse una prenda sucia que no sirve y reemplazarla con ropa limpia. Así es con nuestro corazón: Dios quiere que nos quitemos el enojo, la ira y las malas palabras, y que nos vistamos de bondad, perdón y amor.
Lucas escuchaba, pero pensó: “Eso suena bien… pero no es tan fácil”.
Esa misma tarde, en casa, jugaba un juego de mesa con su hermana menor, Ana. Justo cuando estaba a punto de ganar, Ana movió sin querer una pieza y tiró todo el tablero.
—¡Siempre arruinas todo! —gritó Lucas, con el rostro rojo de enojo. Ana comenzó a llorar y corrió a su cuarto.
Al ver esto, su mamá se acercó y le dijo con calma:
—Lucas, ¿recuerdas lo que dijo tu maestra esta mañana? Cuando guardas enojo, es como seguir usando una camiseta sucia todo el día. ¿No prefieres ponerte algo limpio?
Esa noche, Lucas abrió su Biblia en Efesios 4:31-32 y leyó en voz baja:
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
Recordó que él también había cometido errores y que Dios lo había perdonado. Decidió entonces ir al cuarto de Ana. Tocó la puerta suavemente.
—Perdóname por gritarte —dijo con sinceridad—. Me enojé, pero no debí tratarte así.
Ana lo abrazó y sonrió.
En la iglesia, durante las semanas siguientes, Lucas comenzó a practicar lo aprendido.
Cuando sentía que el enojo quería salir, respiraba hondo y oraba:
—Señor, ayúdame a quitar de mi corazón lo que no te agrada y a vestirme de tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.
Un día, en un partido de fútbol, un compañero lo empujó y casi cae al suelo. Lucas sintió la ira subir como un volcán… pero recordó la enseñanza. En vez de gritar, dijo:
—No pasa nada, sigamos jugando.
Ese momento fue un triunfo más grande que ganar el partido.
La maestra Pamela, al escuchar lo que había pasado, le dijo:
—Lucas, eso es exactamente lo que significa despojarse del enojo. No es que nunca más sientas enojo, sino que aprendes a entregarlo a Dios y responder con bondad.
Lucas entendió que cada día tenía una elección: seguir con la ropa vieja del enojo o revestirse de la ropa nueva que Dios le ofrecía.
Esa noche, antes de dormir, oró así:
—Gracias, Señor, porque me enseñas que puedo cambiar con tu ayuda. Quita de mi vida el enojo que me aleja de Ti y lléname de paciencia, bondad y perdón. En el nombre de Jesús, Amén.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Quita el enojo, viste bondad.
Reflexiona con tus hijos estas preguntas:
¿Qué situaciones te hacen enojar más rápido?
¿Cómo puedes reaccionar de una forma que agrade a Dios?
¿A quién necesitas pedir perdón o perdonar hoy?
El enojo no controlado es como cargar una mochila llena de piedras: te cansa y te lastima.
Cuando dejamos que Dios quite esa carga, caminamos más libres y ligeros. Despojarse del enojo y revestirse de bondad no es solo dejar de gritar, es dejar que Jesús sea el dueño de nuestras reacciones.
Efesios 4:31-32
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
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