Cuando tienes hambre… pero tu corazón también
- Tesoros en el cielo

- 26 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Mateo 4:4
Ismael era un niño alegre, de esos que siempre quieren jugar, correr, inventar cosas nuevas y hacer chistes.
Pero desde hace algunas semanas, algo se sentía… raro. No tenía ganas de reír tanto, se molestaba por cualquier cosa, y sentía un huequito en el pecho, como si algo le faltara.
Una tarde, después de la escuela, su mamá lo notó sentado en el sillón con cara de aburrido.
—¿Todo bien, Ismael? —preguntó ella.
—Sí… creo… No sé. Como que tengo hambre —respondió él—, pero ya comí. Y no tengo ganas de hacer nada.
Su mamá lo miró con cariño, fue a su cuarto, y regresó con una Biblia en la mano.
—Creo que ya sé qué tipo de hambre tienes —le dijo—. No es del estómago. Es del corazón.
Ismael arqueó las cejas.
—¿El corazón también tiene hambre?
—Sí —respondió su mamá—. Y solo se alimenta con una cosa: la Palabra de Dios.
Lo sentó a su lado y abrió la Biblia en Mateo 4:4:
"Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
—Cuando dejamos de leer la Biblia, nuestro espíritu se debilita —explicó ella—. Es como si tuvieras un tanque de gasolina vacío por dentro. No tienes fuerzas para portarte bien, ni para amar, ni para tener paz, porque tu alma necesita el alimento que solo Dios te da.
Ismael miró la Biblia como si fuera una pizza mágica.
—¿Y si me la leo completa en una noche, ya quedo fuerte?
Su mamá rió.
—No, campeón. La Biblia no es un examen que tienes que pasar. Es como el pan diario. Se come todos los días, poco a poco, y con el corazón abierto.
Esa noche, Ismael leyó un capítulo del Evangelio de Marcos antes de dormir. Había una historia donde Jesús sanaba a un hombre enfermo.
Cuando terminó, cerró los ojos y oró:
—Dios… creo que sí tenía hambre de Ti. A veces estoy tan ocupado con mis juegos, con la tablet, con la tele… que olvido que tú también quieres hablar conmigo. No quiero seguir débil. Quiero conocerte. En el nombre de Jesús, Amén.
A la mañana siguiente, algo había cambiado.
Ismael se levantó más contento, saludó a sus papás con una sonrisa, y hasta ayudó a su hermana menor a peinar su cabello.
Durante el desayuno, su papá le preguntó:
—¿Qué desayunaste hoy? ¿Leche con vitaminas?
—¡No! ¡Biblia con Espíritu Santo! —respondió Ismael riendo.
Desde ese día, cada mañana, antes de ir a la escuela, Ismael leía un pedacito de la Biblia y hacía una oración. A veces no entendía todo, pero algo dentro de él se llenaba: paz, gozo y esperanza.
Y cuando sus amigos le preguntaban por qué ya no se enojaba tan fácil o por qué estaba más alegre, él contestaba con confianza:
—Porque ya no tengo el corazón vacío. Estoy lleno… pero de lo bueno.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: La Biblia alimenta tu corazón.
¿Te ha pasado que te sientes triste o sin ganas y no sabes por qué? ¿Cuántos días has pasado sin leer la Biblia? ¿Sabías que Dios quiere hablarte todos los días por medio de su Palabra?
La Biblia es como el pan que alimenta tu corazón. Si no la lees, tu alma se debilita. Pero cuando la buscas cada día, Dios te fortalece, te llena de alegría y te ayuda a crecer como un campeón espiritual.
Versículo clave: Mateo 4:4
Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
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