Cuando mi corazón corre sin razón
- Tesoros en el cielo

- 18 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Lectura bíblica: Filipenses 4:6-7
Isabela era una niña creativa y soñadora. Le encantaba pintar paisajes con cielos despejados, mariposas y arcoíris. Pero últimamente, sus dibujos se llenaban de nubes oscuras, gotas de lluvia y relámpagos.
Su mamá lo notó y decidió preguntarle:
—¿Estás bien, Isa?
—No lo sé, mamá… —respondió bajito—. Últimamente siento como si algo me apretara el pecho. No es dolor… pero siento que algo anda mal, aunque todo parece estar bien.
Isabela no sabía cómo explicar lo que sentía. Tenía miedo de llegar tarde a la escuela, de que algo malo pasara cuando su mamá salía, de que sus amigas ya no quisieran jugar con ella. Su mente se llenaba de "¿y si…?" todo el día.
Una tarde, mientras estaba en casa de su abuela, decidió compartir lo que sentía.
—Abu, ¿alguna vez has sentido que no puedes respirar bien aunque no estés enferma? ¿Como si tu mente no se callara nunca?
Su abuela sonrió con ternura, se quitó los lentes y le dijo:
—Claro que sí, Isa. Eso se llama ansiedad. Es cuando el corazón quiere correr más rápido que la vida, y la mente se llena de pensamientos que no vienen de Dios.
Isabela la miró sorprendida. No pensaba que los adultos también sentían esas cosas.
—¿Y qué hiciste tú?
La abuela se levantó despacio, tomó una cajita de madera y se la mostró. Adentro había papelitos doblados. En cada uno, había escrito una preocupación y una fecha.
—Cuando algo me inquieta, lo escribo, lo doblo y lo dejo en esta cajita. Yo la llamo la caja de oración. Es mi forma de decirle a Dios: “Aquí está esto que no sé cómo manejar. Te lo entrego a ti.”
—Luego tomó su Biblia y leyó:
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias…"
Isabela se quedó pensando. Esa noche, al llegar a casa, hizo su propia cajita. Le escribió con crayones: “Caja para mis nubes”. Luego escribió en un papel: “Tengo miedo de estar sola”. Lo dobló y lo puso dentro.
Cada vez que la ansiedad la visitaba, Isabela oraba, escribía su preocupación y la entregaba a Dios en su cajita.
Con el paso de los días, las nubes seguían apareciendo a veces… pero también empezó a notar algo hermoso: ya no se quedaban tanto tiempo. Porque ahora sabía qué hacer cuando llegaban.
Una mañana, mientras ayudaba a su maestra en la escuela dominical, un niño pequeño comenzó a llorar porque no encontraba a su papá.
—Tranquilo —le dijo Isa—. ¿Quieres que oremos juntos?
El niño asintió. Y ella, con voz suave, oró:
—Dios, tú sabes dónde está su papá. Ayúdale a sentir tu paz mientras lo espera. En el nombre de Jesús, Amén.
Cuando el papá del niño apareció minutos después, Isa lo miró a los ojos y supo que, sin darse cuenta, estaba compartiendo la misma paz que un día había buscado para ella misma.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Cuando tienes ansiedad, no corras solo… ora. Dios te da paz.
¿Qué cosas les preocupan últimamente? ¿Ya se las han contado a Dios?
La ansiedad no se combate solo con fuerza… se entrega con fe. Cada pensamiento que angustia puede ser llevado a Dios, que tiene el poder de llenar nuestro corazón de paz, aun en medio de tormentas. Él no nos pide que seamos perfectos, sino que confiemos. La paz que Dios da no depende de que todo esté bien, sino de saber que Él está con nosotros, incluso en los días nublados.
Versículo clave: Filipenses 4:6-7
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Es Hora de Orar...
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