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Cuando las palabras duelen más que piedras

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 19 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Lectura bíblica: Mateo 12:36-37


Camilo era un niño alegre, inteligente y siempre con una sonrisa en el rostro. Pero algo había cambiado. En la escuela, los profesores notaban que respondía con sarcasmo. En casa, sus papás escuchaban cómo alzaba la voz y usaba palabras que nunca antes había dicho.


—¡Cállate! —gritó un día a su primo cuando este no quiso prestarle un juguete.


—¡Qué fastidio eres! —le dijo a su hermana menor, haciendo que ella se pusiera a llorar.


Al principio, todos pensaron que solo estaba de mal humor… pero los días pasaron y las palabras de Camilo se volvían cada vez más feas, hirientes y sin control.


Una tarde, mientras visitaba a su abuela, ella le dijo:


—Camilo, ayúdame con algo.


—Le dio una hoja de papel en blanco


—. Arrúgala lo más que puedas.


Camilo la arrugó con fuerza, riéndose un poco sin entender.


—Ahora —continuó la abuela— intenta dejarla como estaba antes.


Camilo la desdobló, trató de alisarla contra la mesa, incluso le pasó encima un libro pesado. Pero no funcionó.


—No se puede, abuela. Ya está toda marcada.


Ella lo miró con ternura y le dijo:


—Así pasa con las palabras que decimos. Cuando lastimamos a alguien con lo que sale de nuestra boca, podemos pedir perdón, sí… pero las arrugas en el corazón a veces se quedan.


La abuela buscó su Biblia y leyó en voz pausada:


—“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio…” (Mateo 12:36)


—Camilo, Dios nos dio la capacidad de hablar, no para destruir, sino para edificar. Lo que decimos revela lo que hay en nuestro corazón. Si decimos cosas feas todo el tiempo, es porque hay algo dentro que necesita la luz de Jesús.


Camilo guardó silencio. Nadie le había explicado así el poder de sus palabras. Esa noche, en su casa, escribió en su cuaderno de oraciones:


Camilo pensó: Hoy entendí que mis palabras pueden hacer daño. No quiero seguir arrugando corazones.


Pasaron los días, y aunque no fue fácil cambiar de inmediato, Camilo empezó a detenerse antes de hablar. Aprendió a contar hasta tres cuando sentía enojo. Cuando soltaba una mala palabra, pedía perdón. Cuando sentía ganas de herir, pensaba: ¿Qué diría Jesús si me oyera?


Un domingo, ayudando en el grupo de niños pequeños, vio cómo uno de ellos le gritó a otro:


—¡Eres un llorón!


Camilo se acercó, se agachó a su nivel y le dijo con suavidad:


—¿Sabes? Tus palabras son como semillas. Si plantas espinas, otros se lastiman. Pero si siembras amor, crecerá algo hermoso.


El niño lo miró confundido, pero luego le dio un abrazo.


Ese día, Camilo entendió algo aún más grande: sus palabras no solo podían destruir… también podían sanar.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: Dios nos pedirá cuentas por lo que decimos.


¿Qué tipo de semillas estás plantando con tus palabras? ¿Has herido a alguien con lo que dijiste?

Las palabras no se las lleva el viento. Se clavan en el alma. Por eso, Dios nos dice que un día daremos cuentas de todo lo que sale de nuestra boca. Tú puedes usar tus palabras para edificar, animar, consolar y bendecir. Cada frase que digas es una oportunidad para parecerte más a Jesús.


Versículo clave: Mateo 12:36-37

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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(Proverbios 22:6)

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