Cuando la necedad me cierra puertas
- Tesoros en el cielo

- 11 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Lectura bíblica: Proverbios 16:18
Samuel era un niño muy inteligente, pero también bastante terco. Siempre quería que las cosas se hicieran a su manera. Si jugaba con sus amigos y alguien no seguía sus reglas, se enojaba y dejaba el juego.
En la escuela dominical, su maestra le pidió que dirigiera una dinámica. Samuel aceptó, pero impuso tantas condiciones que varios niños no quisieron participar.
—Si no lo hacen como yo digo, mejor no jueguen
—dijo cruzando los brazos con una sonrisa arrogante.
Al final, la actividad no salió bien y todos se sintieron incómodos. En lugar de reflexionar, Samuel pensó: “Ellos se lo pierden”.
Esa tarde, mientras ayudaba a su papá en la huerta, Samuel intentó mover una carretilla llena de tierra. Su papá le advirtió:
—Hijo, está muy pesada, mejor espera y lo hacemos juntos.
Pero Samuel, confiado y necio, respondió:
—¡Yo puedo solo!
Apenas dio unos pasos, perdió el equilibrio y toda la tierra se cayó al suelo. Agotado y frustrado, se sentó en silencio.
Su papá se acercó, sonrió con paciencia y le dijo:
—La necedad y la arrogancia no solo nos hacen equivocarnos, hijo, también nos alejan de las personas y de la ayuda que Dios quiere darnos.
Esa noche, Samuel leyó un versículo que su maestra le había dejado como tarea:
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” (Proverbios 16:18).
Por primera vez, entendió que su terquedad no era fuerza de carácter, sino orgullo.
Doblando sus rodillas, oró:
—Señor, perdóname por pensar que siempre sé más que los demás. Ayúdame a escuchar, a ser humilde y aceptar tu guía. En el nombre de Jesús, Amén.
Con el tiempo, Samuel aprendió que trabajar con otros y escuchar consejos le daba mejores resultados que intentar hacerlo todo solo.
Descubrió que la humildad abre más puertas que la necedad y la arrogancia.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: La arrogancia derriba, la humildad levanta.
¿Te ha pasado que por querer hacerlo todo a tu manera te has quedado solo?
¿Escuchas los consejos que Dios pone a través de otras personas?
¿Estás dispuesto a dejar tu orgullo para aprender y mejorar?
Cuando dejamos que la necedad y la arrogancia controlen nuestro corazón, terminamos tropezando, perdiendo amigos y cerrando las puertas que Dios quiere abrir para nosotros.
La humildad, en cambio, nos hace aprender de otros, trabajar en equipo y depender de Dios. Ser humilde no significa ser débil, significa ser lo suficientemente sabio para reconocer que siempre necesitamos de Él y de las personas que Él pone a nuestro lado.
Versículo clave: Proverbios 16:18
Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.
Es Hora de Orar...
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¡Tenemos una buena noticia para ti!
Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
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