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Aprendiendo a amar sin celos

  • Foto del escritor: Tesoros en el cielo
    Tesoros en el cielo
  • 4 oct 2025
  • 4 Min. de lectura

Lectura bíblica: 1 Corintios 13:4-7


Isabela tenía siete años y siempre había sido el centro de atención en casa. Su mamá le dedicaba mucho tiempo, su papá la llevaba al parque, y sus abuelos siempre le compraban dulces y juguetes. Todo parecía perfecto… hasta que llegó su hermanita, Rebeca.


Desde el primer día, Isabela notó que todo había cambiado. Su mamá ya no podía jugar tanto con ella porque debía cuidar al bebé. Su papá pasaba más tiempo en casa ayudando a cargar pañales y preparar biberones. Las visitas ya no preguntaban por Isabela… ahora todos querían ver a “la nueva bebé”.


Al principio, Isabela trató de disimular su tristeza, pero dentro de su corazón comenzó a crecer un sentimiento nuevo y feo: celos. Una tarde, mientras su mamá alimentaba a la bebé, Isabela preguntó con voz temblorosa:


—¿Mamá, todavía me quieres igual que antes?


Su mamá se sorprendió, la abrazó y dijo con ternura:


—Claro que sí, mi amor. Tener a tu hermanita no significa que te amemos menos, sino que ahora somos más para amar.


Pero esas palabras no lograron borrar el enojo que Isabela sentía. En los días siguientes empezó a portarse mal. A veces hacía ruido para despertar al bebé, otras veces escondía sus juguetes, o simplemente se negaba a ayudar. Su mamá le llamaba la atención, pero ella respondía:


—¡Todo es culpa de Rebeca! Antes era mejor cuando ella no estaba.


Una noche, mientras su mamá dormía a la bebé, Isabela fue a su cuarto molesta y tiró un muñeco de peluche al suelo. —¡Nadie me entiende! —gritó entre lágrimas.


De repente, escuchó un pequeño llanto. Era Rebeca, que se había despertado. Isabela se acercó despacio y la vio mirándola con sus ojitos brillantes y una sonrisa inocente. En ese momento, sintió algo muy profundo: compasión. Pensó: “Ella no tiene la culpa de nada. Es tan chiquita… depende de todos nosotros.”


Entonces, recordó lo que había escuchado en la iglesia ese domingo: "El amor no tiene envidia. El amor viene de Dios y siempre busca el bien de los demás.”


Isabela se arrodilló al lado de la cuna y oró en silencio:


—Señor Jesús, perdóname por mis celos. Ayúdame a amar a mi hermanita y a ser una buena hermana. En el nombre de Jesús, Amén.


Al día siguiente, su mamá le pidió ayuda para vestir a la bebé. Por primera vez, Isabela aceptó con una sonrisa. Le alcanzó la ropita, la peinó con cuidado y hasta le cantó una canción de cuna. Su mamá la miraba emocionada y le dijo:


—Estoy muy orgullosa de ti, hija. Has aprendido a amar con el corazón.


A partir de ese día, Isabela cambió por completo. En lugar de hacer travesuras, jugaba con su hermanita, la cuidaba y le contaba historias. Cuando alguien visitaba la casa, ella era la primera en presentarla con alegría:


—Ella es mi hermanita Rebeca, y la amo mucho.


Con el tiempo, se convirtió en su ejemplo. Si la bebé lloraba, Isabela la abrazaba. Si la mamá estaba cansada, le ayudaba sin que se lo pidieran. La casa comenzó a llenarse de risas y de paz.


Una noche, su papá oró con ellas y dijo:


—Gracias, Señor, porque el amor de Isabela nos enseñó a todos que los celos se vencen con amor y paciencia. En el nombre de Jesús, Amén.


Isabela sonrió, sabiendo que su corazón ya no estaba lleno de envidia, sino de amor. Había aprendido que el verdadero amor viene de Dios y que cuando amamos, reflejamos su luz en nuestra familia.


Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...

Enseñanza de hoy: El amor de Dios no tiene celos; crece cuando lo compartimos.


  • ¿Alguna vez te has sentido celoso de un hermano o amigo?

  • ¿Qué podrías hacer diferente para demostrar amor en lugar de celos?

  • ¿Cómo puedes dar un buen ejemplo en casa, como hizo Isabela?


El amor verdadero no compite, ni siente celos cuando otros reciben atención; al contrario, se alegra por el bien de los demás. A veces el corazón se llena de tristeza cuando creemos que perdemos el cariño de alguien, pero Dios nos recuerda que su amor nunca se reparte, sino que se multiplica. Él nos ama a todos por igual y nos enseña a amar con ese mismo corazón.


Cuando dejamos que los celos nos guíen, nos alejamos de la paz y herimos a quienes amamos. Pero cuando elegimos amar, servir y alegrarnos por los demás, Dios transforma nuestros sentimientos en gozo. Aprender a amar como Jesús es crecer en el alma: es pasar de pensar solo en uno mismo a mirar con ternura el bien de otros.


Así como Isabela aprendió a cuidar y a disfrutar la llegada de su hermanita, nosotros también debemos aprender que el amor no se acaba cuando se comparte… se hace más grande.


🎯 Reto de hoy:

Dale un abrazo y un beso a tu hermano o hermana y dile:

“Te quiero mucho y doy gracias a Dios por ti.” 💛✨


¡Recuerda! Cada vez que eliges amar, tu corazón se parece más al de Jesús.


Versículo clave: 1 Corintios 13:4-7

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.


Es Hora de Orar...


🌈✨ ¿Te gustaría ir al cielo… pero no sabes cómo? ✨🌈


 ¡Tenemos una buena noticia para ti!

 Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.

 Descubre el camino con nosotros paso a paso. 🚶‍♂️🚶‍♀️💖



Beto Cristiano
Beto Cristiano

 
 
 

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(Proverbios 22:6)

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