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Abogado tenemos para con el Padre



La Biblia nos muestra que la vida cristiana no está libre de luchas y caídas. Aunque el deseo de Dios es que sus hijos caminen en santidad, también sabe que seguimos siendo personas imperfectas. Por eso, cuando un creyente falla y se arrepiente sinceramente, no queda abandonado ni sin esperanza. Juan declara una verdad maravillosa: “Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.


En las Escrituras, Satanás es presentado como el acusador. Su propósito es señalar el pecado, traer condenación y hacer creer al creyente que ya no tiene derecho a acercarse a Dios. Es como si en un tribunal estuviera constantemente presentando las faltas del hombre delante del Juez. Y, en cierto sentido, las acusaciones son reales, porque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios.


Pero el cielo también tiene un Defensor. Jesucristo, el Justo, se presenta a favor de aquellos que le pertenecen. Él no niega que hubo pecado, porque ya cargó con él en la cruz. Su sangre derramada es la base sobre la cual el creyente arrepentido encuentra perdón y restauración. Gracias al sacrificio de Cristo, el enemigo no tiene la última palabra. El Juez puede declarar perdonado y absuelto al pecador porque la deuda ya fue pagada por el Hijo.


Esto no significa que el cristiano deba vivir descuidadamente pensando que puede pecar sin consecuencias. Juan escribe estas cosas para que no pequemos. Sin embargo, cuando hay un corazón que se arrepiente y vuelve al Señor, Cristo sigue siendo nuestro Abogado. El enemigo acusa, pero Jesús intercede. Satanás señala la culpa, pero Cristo señala la cruz. Y donde la gracia de Dios actúa, la condenación pierde su poder.



Reflexión

El creyente no vive confiando en su propia perfección, sino en la obra perfecta de Cristo. Cuando fallamos, el enemigo quiere convencernos de que ya no hay esperanza. Pero Jesús sigue intercediendo por los suyos. No tenemos un Salvador distante, sino un Abogado fiel que nos llama al arrepentimiento y nos recuerda que su sangre es suficiente para limpiar y restaurar.


Preguntas para reflexionar

  • ¿Has permitido que la culpa te aleje de Dios?

  • ¿Estás confiando más en tus méritos que en la obra de Cristo?

  • ¿Hay algún pecado que necesitas confesar delante del Señor?

  • ¿Has recordado hoy que Jesucristo sigue intercediendo por ti?


Que este mensaje no se quede solo en una lectura, sino que te acompañe hoy. Dios conoce lo que necesitas, pero también observa el corazón con el que te acercas. Permanece firme, porque cuando tu oración es sincera, tu vida comienza a reflejar esa relación.


Este mensaje es parte del ministerio Tesoros en el Cielo, creado para edificar tu vida y acercarte más a Dios cada día. Nos leemos en el siguiente devocional.


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