El día que una mentira se hizo gigante
Actualizado: 23 abr
Lectura bíblica: Proverbios 12:22
Samuel era un niño amable y con buena memoria. En su escuela dominical todos decían que era responsable. Le gustaba hacer bien las cosas. Pero un día, cometió un error que no supo cómo manejar…
El viernes por la tarde, su mamá le pidió que lavara los platos antes de salir al parque.
Samuel tenía prisa y decidió no hacerlo. En vez de eso, escondió los platos sucios en el horno apagado.
Cuando regresaron, su mamá preguntó:
—¿Lavaste los platos como te pedí?
Samuel dudó… pero respondió:
—Sí… ya están limpios.
Pensó que con eso todo terminaría. Pero el sábado en la mañana, su mamá prendió el horno para hornear pan… y los platos sucios estaban ahí.
—¿Qué es esto? —exclamó ella.
Samuel se puso rojo. Quería decir la verdad, pero tenía miedo de quedar mal. Entonces dijo otra mentira:
—¡No sé quién los puso ahí! ¡Quizás fue mi hermana!
Esa mentira creció. Su hermana fue regañada, Samuel se sintió culpable… y ahora no solo tenía platos sucios, sino un corazón sucio también.
Toda la semana estuvo inquieto. No podía concentrarse, no dormía tranquilo, y ya no se sentía feliz cuando oraba. Hasta que el viernes en la noche, su papá se sentó con él y le dijo:
—Hijo, ¿estás bien?
Samuel rompió en llanto.
—Fui yo… mentí dos veces… una para cubrir lo que no hice, y otra para echarle la culpa a mi hermana.
Su papá lo abrazó.
—Me duele lo que hiciste, pero me alegra que hayas dicho la verdad. ¿Sabes? Las mentiras no se quedan pequeñas. Crecen y nos alejan de Dios y de las personas que amamos. Pero cuando confesamos, Dios limpia nuestro corazón y nos devuelve la paz.
Esa noche, Samuel oró con lágrimas:
—Dios, perdóname por mentir. Ya no quiero esconder nada. Ayúdame a hablar con verdad, aunque me dé miedo. Límpiame por dentro y hazme valiente para decir siempre la verdad en el nombre de Jesús, Amén.
Pregunta a tus hijos cual es la enseñanza que aprendieron hoy...
Enseñanza de hoy: Una mentira nunca se queda igual. Si no la detienes, crecerá hasta lastimarte a ti y a otros. Pero si confiesas, Dios te limpia y te fortalece para decir la verdad.
¿Alguna vez dijiste una mentira por miedo? ¿Qué pasó después?
¿Qué aprendiste de Samuel?
Una mentira es como una bola de nieve. Al principio es chiquita, pero si no la detienes, rueda… y rueda… ¡y se hace enorme! Así son las mentiras: si no dices la verdad a tiempo, tendrás que decir otra y otra… hasta que todo se sale de control.
Pero cuando confiesas la verdad, tu corazón se siente ligero y limpio. Dios no quiere que vivas escondiendo cosas. Él quiere ayudarte a ser valiente y hablar siempre con la verdad.
Versículo clave: Proverbios 12:22
Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento.
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Dios te ama y quiere que estés con Él para siempre.
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